martes, noviembre 28, 2006

TEATRO. EL RINCÓN DE GORDON CRAIG. ¡Nasdrovia Chejov!. "Trágicamente divertido".

Espectáculo sobre textos de Antón Chejov.
Con: Isidoro Fernández, José Ramón Soroiz, Teresa Calo, Naiara Arnedo, Eriz Alberdi y Dorleta Urretabizkaia.
Dramaturgia: Alberto Iglesias. Dirección: Fernando Bernués.
Guadalajara. Teatro Moderno. 17 de noviembre de 2006


Muchas compañías de teatro se han visto tentadas por el potencial dramático, tragicómico, de los relatos y de las piezas breves de Chejov, el infatigable satírico de la vida cotidiana de la Rusia profunda, el gran maestro de la ironía, el incisivo analista de la psicología humana. En este mismo escenario del Teatro Moderno, hace unos pocos años -antes incluso de su reforma-, la legendaria compañía madrileña Zascandil puso en escena bajo el título genérico de La boda dos de sus piezas breves más celebradas, una de las cuales volvimos a ver anoche. Y es que la obra de Chejov, como dijo su compatriota Constantin Stanislavsky, es un manantial inagotable de teatralidad.

De los cinco relatos breves que este montaje dramatiza, al menos dos de ellos, La petición de mano y La criatura indefensa, la primera con título homónimo y la segunda con el título de El aniversario, vieron la luz también como piezas dramáticas, lo cual, supongo habrá facilitado la labor de adaptación, trabajo, que en estos dos casos, al menos, tiene su lado positivo y su lado negativo. El positivo es el esfuerzo de síntesis para salvaguardar las líneas esenciales del conflicto; el negativo es que nos priva de las sutilezas y del complejo y articulado desarrollo de la acción dramática de los textos originales.

Si lo que se quiere, empero, es subrayar el lado humorístico de las obras, el efecto parece haberse conseguido, a juzgar por la respuesta del público, que salvada la frialdad del inicio del espectáculo, acompañó con sus carcajadas la mayor parte de la representación. Recursos de la comicidad, no les faltan a estos actores, sobre todo a los que encarnan a los personajes de Misha y de Chejov que exhiben un variado repertorio de recursos de la teatralidad primaria, incluido un nada desdeñable control de la dicción y del gesto.

Ignoro el sentido que tiene llenar el espacio de cajas/bahules de gran tamaño, que invaden prácticamente todo el escenario del teatro, ya de por sí de reducidas dimensiones, que dan sensación de agobio y limitan las posibilidades de movimiento de los actores. Y otro tanto puede decirse del acopio que hacen de instrumentos musicales de cuerda, aunque hay que conceder que los acordes de violín que suenan de fondo en los monólogos de Las tres hermanas en la escena del casting, o el acompañamiento del chelo en el encuentro de los amantes en el parque, al final de El seductor, coadyuvan no poco a resaltar el lirismo de ambas escenas, subrayando respectivamente la emoción que provoca la actuación de la neófita y el desvalimiento y la entrega de la esposa seducida poniendo un contrapunto patético al terrible dilema al que se ve enfrentado Piotr Semiovich.

En fin, un buen trabajo de conjunto que, pese al excesivo afán por conseguir a toda costa la risa del público y su beneplácito, creo que logra mantener a raya, las más de las veces, a los dos enemigos mortales de un humor bien entendido: la caricatura y el histrionismo.

Gordon Craig.
18-XI-2006.

sábado, noviembre 25, 2006

ACTUALIDAD. Manifestación en Madrid de apoyo a las Víctimas del Terrorismo. La revolución silenciosa.

Hoy es 25 de noviembre de 2006, las calles de Madrid se han vuelto a llenar de personas anónimas, miles y miles de personas que en un día infernal, con viento y lluvia, se han lanzado a la calle a apoyar a las Víctimas del Terrorismo y a decir bien alto a ZP y a su Gobierno que deje de negociar con ETA Batasuna.

La revolución cívica silenciosa que está llevando a cabo gran parte de la sociedad española en oposición a una de las legislaturas más oscuras y desastrosas de la Historia de España demuestra que la ciudadanía está madura, y sobre todo que muchos ciudadanos están hartos de su Gobierno y de su Presidente, y que no les queda más opción que salir a la calle y protestar ante la situación de desasosiego y caos que ZP y los suyos han organizado en unos pocos años.

Las personas de la calle, de todas las edades y de toda condición, los curretas y los nuevos ricos, los jóvenes, la tercera edad y toda esa gente madura que vivió la caída del Franquismo, gran parte de la sociedad española, en resumen, exige a su Presidente, porque aunque a ZP le cueste reconocerlo, es el Presidente de todos, o debiera de serlo, que se marche, que ponga fin a este proceso de negociación-claudicación con los terroristas de una vez y que abra los archivos oficiales y deje de poner obstáculos en la investigación judicail, para que se sepa toda la verdad sobre el 11M, atentado tras el cual se convirtió en Presidente.

Hacia mucho tiempo que no surgía un movimiento social de este tipo en España, quizás el Ave Fénix haya resurgido de sus cenizas, y de aquellas manifestaciones que paralizaron el país cuando ETA asesinó vilmente a Miguel Ángel Blanco, en lo que vino a llamarse el Espíritu de Ermua, haya nacido esta revolución cívica que exige: Memoria, Dignidad y Justicia. Estas movilizaciones populares como las que tumbaron a todo un Imperio Napoleónico o a un cobarde y traidor como a Fernando VII, engrandecen a las sociedades en las que nacen, y se recordarán por siglos, nuestros hijos las estudiarán en los libros de texto en unos años. ZP no será menos, también pasará a la Historia, pero estará colocado al otro lado de la heroica y valiente acción de sus ciudadanos, estará al lado de los cobardes, de los traidores, de los hombres más nefastos de la Historia de uno de los países más antiguos del mundo: España.

TEATRO. PORTULANOS. El cuervo Graznador.

PORTULANOS. "El cuervo graznador" por Ignacio García May.

[Columna publicada por El Cultural de El Mundo el jueves 23 de abril de 2006.]

En Tito Andrónico, Shakespeare cuenta la espantosa violación de la joven Lavinia; para que no revele ni escriba el nombre de sus atacantes le arrancan la lengua y le amputan las manos. A pesar de todo, Tito, padre de la muchacha, consigue descubrir la identidad de los violadores. Les mata, les descuartiza, cocina con su carne un pastel y se lo da de comer a su madre, a quien, a continuación, también ejecuta. Estas son las cosas que les gustaban a los espectadores isabelinos, quienes, en la vida cotidiana, disfrutaban además con las ejecuciones públicas y las peleas de perros salvajes contra osos atados a un palo. Su género teatral favorito fue la revenge tragedy, la tragedia de venganza. Curiosamente, cuando los demás convertían estas obras en moda, Shakespeatre decidió abandonarlas y se lanzó a escribir lo que más tarde se ha conocido como “las obras del perdón”, las muy enigmáticas y bellísimas Cuento de invierno y La tempestad. En ellas los protagonistas, gravemente injuriados, renuncian, sin embargo, a alimentar el fuego de la represalia porque han renunciado previamente a la mezquindad que constituye su fuente. Pienso en Shakespeare porque veo los juicios de los etarras y me parece milagroso que los mil crímenes de ETA no desencadenaran un río de venganzas por parte de las familias. Como Próspero y como Hermione, optaron, en su momento, por no echar más sangre sobre sangre. Pero no hay que ser Nostradamus para predecir que, si el presidente sigue manejando esta situación del mismo modo, habrá quien tarde o temprano rompa el pacto y acabe exigiendo su libra de carne en compensación. Tito Andrónico será una broma comparada con eso. Porque podremos perdonar errores, mentiras, incluso delitos. Pero que, en nombre de la vanidad de quedar como único salvador de una patria que en otros aspectos tan poco parece importarle, un gobernante despierte el ansia de sangre en quienes hace mucho decidieron enterrarla, constituye un crimen más indigno que todos los asesinatos de los terroristas juntos.

Ignacio GARCÍA MAY

miércoles, noviembre 22, 2006

PLANETA. Objetivo: plantar mil millones de árboles.

Wangari Maathai, la Premio Nobel de la Paz de 2004, presentó hace una semanas en Nairobi, en torno a la Conferencia de las Partes (formada por 189 países, de entre los que se encuentran 166 de los firmantes del Protocolo de Kioto), que se celebra en la capital keniata, un plan para reforestar el planeta: plantar mil millones de árboles en un año. La iniciativa la apoya el Programa de la ONU para el Medio Ambiente PNUMA que no financiará el proyecto pero recogerá información sobre los individuos y colectivos que se unan voluntariamente a la iniciativa en su página web Web 1 millón de árboles


La Premio Nobel keniata sostiene que las iniciativas medio ambientales de los Gobiernos son lentas y frustrantes, porque los políticos siempre tienen una mejor opción para gastar el dinero que dedicarlo a plantar árboles; sin embargo con una iniciativa como esta, la sociedad civil puede ser la protagonista, plantar un árbol está al alcance de todos y es algo muy simple, y además de está manera, si se logran plantar 1000 millones de árboles, un sexto de la población estará diciendo a sus gobernantes que les preocupa el cambio climático y con ello estará haciendo una declaración política al más alto nivel.

Wangari Maathai, creadora del Movimiento Cinturón Verde, que ha plantado más de treinta millones de árboles en todo África, nos propone formar parte de una pequeña revolución silenciosa que puede detener el cambio climático, que ayudará a reforestar el planeta y que en un futuro permitirá que nuestros hijos puedan disfrutar de muchos paraísos verdes que están al borde de la desaparición.

Yo personalmente, por lo peculiar de mi forma de vida, ya he plantado muchos árboles a lo largo de mi vida, pero como bienvenida a esta iniciativa, junto con mi familia he puesto la primera piedra de una reforestación en toda regla. Una parcela rústica que desde tiempo inmemorial pertenece a mi familia, una explotación agrícola poco rentable, en unos años se convertirá en una pequeña arboleda. Con la disminución de las ayudas agrícolas de la Unión Europea al campo español y ante el creciente precio del combustible, la explotación de esta parcela era insostenible. Ante esta situación no había nada más que ponerse manos a la obra. De momento no son más que treinta plantones, encinas, robles, alcornoques, fresnos y algunos pinos, aunque en primavera esperamos que sean 60. La inversión ha sido muy escasa (protectores para los plantones y barras de sujeción de los mismos), porque los arbolitos los sembramos nosotros de semillas hace un par de años (con lo cual nos salieron gratis), y el trabajo de hacer los hoyos y después poner los plantones se olvida cada vez que vas de paseo por el lugar y ves los arbolitos tan verdes y tan tiesos. Lo dicho amigos, manos a la obra.

TEATRO. EL RINCÓN DE GORDON CRAIG. Barcelona, mapa de sombras. "Confidencias".

De Lluïsa Cunillé.
Con: María José Alfonso, Montserrat Carulla, Nicolás Dueñas, Gustavo Salmerón, Marina Szerezevsky y Walter Vidarte.
Dirección: Laila Ripoll
Madrid. Teatro Valle-Inclán. 11 de noviembre de 2006.

Aquejado de una enfermedad incurable, ya en fase terminal, el anciano protagonista de la pieza que comentamos acuerda con su mujer, septuagenaria también, pasar en casa las pocas semanas que le restan de vida, y convienen en hacerlo juntos y solos, para lo cual tendrán que despedir a tres inquilinos a quienes tienen alquiladas sendas habitaciones en su domicilio de una céntrica calle de Barcelona: un infeliz niño grande de no muchas luces y un tanto sonado, futbolista aficionado y segurata en unos grandes almacenes; una anciana viuda solitaria que malvive de recuerdos y de los magros emolumentos que recibe por unas clases particulares de francés y una avispada joven inmigrante argentina que se gana la vida como cocinera en un restaurante.

La obra está articulada en cuadros sucesivos que corresponden a cada uno de los encuentros que Él y Ella (marido y mujer) mantienen alternativamente con los inquilinos para comunicarles su decisión e invitarles a que abandonen de inmediato las habitaciones que han venido utilizando como residencia. Tras las cuatro paredes donde cada uno de estos singulares huéspedes esconde su soledad y su fracaso y debido a las especiales circunstancias que concurren en esas conversaciones, se crea una estimulante atmósfera de confianza y de sinceridad propicia a la confesión íntima y a la confidencia. Las pequeñas o grandes traiciones, las aspiraciones insatisfechas, las heridas del tiempo, la inaplazable necesidad de ternura o los más inconfesables secretos de los personajes terminan por aflorar a medida que se van superando los obstáculos que lo impedían: el miedo, la inseguridad, o la inveterada estrategia de los humanos de cultivar, en sus relaciones con el prójimo, el juego de las apariencias.

Nos obliga la autora al siempre difícil ejercicio de mirar, detenida y reflexivamente, y disfruta jugando con el espectador, poniéndole pequeñas trampas que inducen a interpretaciones erróneas del comportamiento de un personaje, de sus motivaciones, de sus intereses, etc., hasta que un cambio de perspectiva nos abre los ojos a una faceta desconocida hasta ahora, a una realidad distinta, viniendo al final a confirmarnos que nada es lo que parece. Por lo demás, Luïsa Cunillé no abandona las distancias cortas, que domina a la perfección, la atmósfera intimista y un tanto opresiva que impregna la mayoría de sus tramas; y una visión pesimista –y hasta torturada-, de la realidad, con una galería de personajes solitarios, inadaptados, y con los escenarios poblados de inhóspitos descampados, fondas de estación, cuartuchos de hotel, o como en este caso habitaciones de una casa familiar, cuartos no menos desangelados que aquellos y metáfora, quizá, del aislamiento y la incomunicación.

El montaje satisface plenamente las exigencias del texto. La escenografía esmerada y detallista, y la distribución de los espectadores en torno a un escenario central, reconvertido con mínimos cambios de iluminación y elementos de atrezzo en los distintos aposentos donde se desarrolla la acción, acrecienta esa perspectiva poliédrica a la que hacíamos referencia. La dirección es rigurosa y acertado, sin excepciones, el trabajo de los actores, destacando un tanto la labor de dos veteranas y experimentadas actrices como son María José Alfonso y Montserrat Carulla, a las que no tenemos muchas oportunidades de ver sobre los escenarios, y la de Walter Vidarte, en una ajustada versión de la entereza y de la lucidez con la que muchos ancianos luchan contra la enfermedad y contra la muerte en esa triste e incierta postrera etapa de nuestra existencia.

¿Abren esas ironías explícitas en boca de uno de los personajes de la obra sobre la destrucción de algunos símbolos emblemáticos e intocables de la cultura catalana, como el Gran Teatro del Liceo, el Paseo de Gracia o la Sagrada Familia, o la referencia a la clamorosa y multitudinaria manifestación de alegría con que acogió el pueblo de Cataluña la “liberación” de Barcelona por las tropas franquistas, hecha en el momento final y culminante de la obra, la perspectiva de una nueva etapa de sátira social o política en la producción teatral de Luïsa Cunillé?

Gordon Craig.
13-XI-2006.

jueves, noviembre 16, 2006

CINE. LA OTRA MIRADA. "Todos los hombres del rey".

[Hoy estrenamos una nueva sección dedicada al cine de actualidad. Otros ojos, una mirada nueva nos va a intentar abrir de par en par las puertas del Séptimo Arte desde otra perspectiva, preñada de referencias a los grandes maestros, a los creadores del cine con mayúsculas. Desde aquí le deseamos toda la suerte del mundo y le damos una afectuosa bienvenida. A los lectores, decidles sin más, que a partir de hoy van a tener a su disposición las palabras, los apuntes de una verdadera amante del cine sobre los estrenos más actuales de la cartelera.]

Todos los hombres del rey, es una película muy recomendable, sobre todo para los amantes del cine. Se trata de una historia que está ambientada en Louisiana, en los años 30. El “film” está lleno de referencias cinematográficas. Una de las cosas que sobresale de la cinta son las interpretaciones de sus protagonistas, en concreto la actuación de Sean Penn; está magnifico haciendo el personaje de Willie Stark: un hombre de la calle aspirante a Gobernador del Estado. Cuando ves a Sean Penn, en “Todos los hombres del rey”, te parece estar viendo a Robert De Niro, en el papel de Al Capone, personaje de la gran película “Los Intocables de Elliot Ness”, de Brian de Palma. En la película también destacan los secundarios, como el personaje del conductor de Willie Stark, que no será hasta el final donde nos muestre cómo es realmente.

Como decía es una película repleta de referencias a otros largometrajes, tiene planos que nos recuerdan a “Ciudadano Kane”, como una de las apariciones de Stark dando uno de sus discursos. Algunos planos están compuestos como calcamonías de imágenes que aparecen en la película “El sueño eterno” de Howard Hawks. Por ejemplo un plano detalle del morro del coche donde destacan los faros del mismo, plano que también fue imitado por Martin Scorsese en “Taxi Driver”.

A la película no le falta por supuesto el papel de la chica mala, en este caso interpretado por Kate Winslet, que hace una aparición fulminante pero que impacta al espectador. Su actuación le da un aire a Gilda, sobre todo por el peinado, pero aún con esas todos sabemos que “nunca habrá otra mujer como Gilda”.

Una de las cosas que destaco de esta película, es el homenaje que el director (Steven Zaillian) hace al maestro Alfred Hitchcock, a su largometraje “Vértigo”, el plano en cuestión es el paseo de Kim Novak y James Stewart por el bosque, la estética que compone el plano simula estar viendo a Madeleine y Scottie, en lugar de a dos de los personajes de “Todos los hombres del rey”.

Dejando las referencias cinematográficas, que son muchas, a un lado, la película habla del comportamiento del ser humano, de cómo un hombre empieza en el barro y sube hasta lo más alto.

C. S.
16/11/2006

lunes, noviembre 13, 2006

VIDA URBANA. Barcelona, mapa de sombras y Mari Cruz.

El otro día asistí a la representación de la obra de Luisa Cunillé: “Barcelona, mapa de sombras”. La reseña de la obra, la de verdad, no tardará en llegar a Whispers de la mano de Gordon Craig en unos días. Pero el opresivo ambiente creado por el texto de la catalana coincidió con un breve pero intenso encuentro con una vieja amiga, Mari Cruz.

Hacia tiempo que no hablábamos, que no compartíamos un generoso café, ni que nos devolvíamos una llamada telefónica porque quizás ninguno de los dos ya sabía de quién había sido la última. El caso es que nos encontramos a la salida de unos grandes almacenes, una tarde lluviosa y gris del mes de noviembre. Encontré a Mari Cruz muy desmejorada, venía prácticamente sin maquillar, con el pelo como estropajoso y mal peinado, con más arrugas en la cara de las que debiera por su edad, y su sonrisa, su deliciosa sonrisa de siempre prácticamente había desaparecido de su rostro. Y, ¿cómo no iba a desaparecer la sonrisa de una persona a la que la preocupa el precio del champú? Eso me dijo entre muchas otras penalidades: “¿Cómo podía ser tan caro un bote de champú? Hasta ahora no me había parado a pensarlo, pero es que es carísimo”. La vida no le estaba sonriendo, y perdonen lo inapropiado de la expresión hoy, y hasta algo tan insignificante como el precio de un champú le estaba robando el sueño, y, por qué no en cierto modo, la vida.

El matrimonio protagonista de la obra de Cunillé, dos ancianos, despiden a los inquilinos que viven de alquiler con ellos en su hogar, porque el marido se está muriendo y quiere fallecer en soledad. La obra nos ofrece varios encuentros entre los abueletes y sus inquilinos, y estos cuadros se convierten en verdaderos momentos íntimos de sinceridad y complicidad que aprovechan cada uno de los personajes para sacar de dentro de si mismos hasta lo más inconfesable de su ser.

El otro día mi fugaz encuentro con Mari Cruz se pareció mucho a cualquiera de estos cuadros descritos por la Cunillé. La única diferencia con la ficción radicó en que yo asistí a un monólogo sin fin, pero que me dejó con un sin sabor por dentro que todavía perdura en mi, y en la obrita el diálogo fue mutuo. A veces este tipo de situaciones suponen una verdadera cura de humildad para uno. Por un lado ves a cara de perro lo cruda que puede llegar a ser la vida, por otro empiezas a valorar de otra manera lo que te rodea, todas esas grandes y pequeñas personas y cosas que por su cotidianidad en tu entorno no valoras todo lo debido.

TEATRO. EL RINCÓN DE GORDON CRAIG. El chico de la última fila. "El profesor en su laberinto"

De Juan Mayorga.
Con: Ramón Barea, José Tomé, Carlos Jiménez-Alfaro, Ignacio Jiménez, Luisa Pazos y Natalie Pinot.
Ur Teatro. Dirección: Helena Pimenta.
Espacio sonoro: Eduardo Vasco. Iluminación: Miguel A. Camacho.
Madrid. Festival de Otoño. Círculo de Bellas Artes. Sala Fernando de Rojas.



“Iluminar el mundo o extender la confusión”, he ahí la cuestión. Ese podría ser, en versión actualizada de la clásica disyuntiva hamletiana, y elevado a criterio para distinguir entre la buena y la mala literatura, el lema o divisa de ese moderno caballero andante que encarna Germán, el protagonista de la obra que comentamos, dispuesto a entablar desigual batalla contra los molinos de viento de la ignorancia y de la desidia en las aulas. Y es que Germán, en esta última pieza de Juan Mayorga, es un profesor de Lengua y Literatura de Bachillerato embarcado en la tarea imposible, en el empeño quijotesco, de descubrir a sus alumnos los arcanos de la escritura e iniciarlos en los rudimentos del análisis de las obra literaria.

Y es el caso, que una tarde, entre el montón de redacciones anodinas e insulsas que está corrigiendo, descubre en la de Claudio, la prosa de un alumno dotado de un dominio poco corriente del uso del lenguaje y que, además, parece interesado en la escritura. Sorprendido y halagado, como se siente todo profesor cuando descubre en alguno de sus alumnos una predisposición especial por su asignatura, le anima a seguir escribiendo, alentando el estímulo inicial que lleva a Claudio a penetrar en la intimidad de la familia de su amigo Rafa, y de cuyas interioridades se va nutriendo el relato, en una escalada de “voyeurismo” malsano que acabará contaminando a Germán y a su propia mujer, Juana, confidente y cómplice de sus desafueros.

A través de las sucesivas entregas de Claudio y las correcciones y apostillas de Germán se ordena el “relato” y se construye la pieza misma, mediante un sutil juego dramático en el que Mayorga se las ingenia para incardinar en la historia “fingida” los elementos de la historia “real” y hacer que avancen simultáneamente, alimentándose la una de la otra, enlazadas en una curiosa unión simbiótica. Mientras, Germán, cada vez más envanecido con el trabajo de Claudio, le presiona para que prosiga su indagación tanto en el ámbito teórico como en el turbulento universo de sus recién descubiertas emociones.

Helena Pimenta y José Tomé, responsables de la dirección y de la puesta en escena sortean con brillantez las dificultades que encierra el texto. El ritmo vertiginoso que imprimen a la acción, la agilidad del movimiento escénico y la cambiante delimitación de espacios se adecuan a la extraordinaria libertad compositiva de la obra, sin que las permanentes transiciones entre los distintos planos de la narración, terminen por resultar fatigosas por su reiteración. Pero el mayor acierto está en haber soslayado el lastre que para el desarrollo de la acción pudieran llegar a constituir las constantes reflexiones de Germán en torno a cuestiones teóricas sobre el proceso de escritura o sobre la relación entre la vida y la literatura. Germán (espléndido Ramón Barea, pletórico de recursos y de energía) interioriza el concepto y lo traduce a vivencias genuinas convirtiéndolo en materia dramática, y las diferentes fases del conflicto con Claudio, o los rifirrafes con su mujer, poseen siempre un dimensión humana más allá de la mera disquisición académica.

El resto del elenco no está menos acertado y diligente que Barea, aunque sus papeles no tiene tantas oportunidades de lucimiento, excepción hecha de Carlos Jiménez-Alfaro (Claudio) que está convincente en la réplica y resuelve con solvencia su nada fácil cometido. En conjunto el espectáculo funciona bien, aunque observamos algunas dificultades para arrancar las carcajadas del público, que no esperaba quizá la parodia o el tono jocoso de muchas situaciones; los actores transitan con soltura del registro cómico al serio cuando la acción lo requiere, y nos proporcionan momentos de gran intensidad dramática y de acendrado lirismo, todo hay que decirlo, con el acertado subrayado ocasional de la música de Eduardo Vasco o los efectos de una iluminación contrastada y efectista.

Gordon Craig.
4-XI-06.

viernes, noviembre 10, 2006

BLOGUEROS. Sir Hannofer el Maligno ha vuelto.

Sir Hannofer el Maligno está de vuelta. Con un “blog” con un diseño totalmente nuevo y con tres “posts” de altura, como regalo de bienvenida, Sir Hannofer ha regresado al loco mundo del hiperespacio con muchas ganas y para ofrecernos un sitio de calidad, dónde encontraremos inteligentes y siempre muy sugerentes “apuntes” sobre libros, cine y sobre tantas otras cosas y sobre todo sobre música.


Los que disfrutamos en persona de Sir Hannofer, los que tenemos el gusto de conocerlo, y los que podemos compartir unas copas con él, de sobra sabemos de su buen hacer y de lo que representa “tener” un amigo, pero el resto de mortales os vais q tener que conformar con el testimonio de los “apuntes”malignos de su blog. ¿Quién dijo qué la vida es justa? Visitad su “blog” y ya me contaréis.

No quería desaprovechar la oportunidad que en esta ocasión me viene al pelo, al dejar constancia de que “Tribulaciones de un borracho con mala leche”, el Blog de Sir Hannofer, vuelve a tener vida, y desde aquí dar la enhorabuena a Sir Hannofer y Helena por la buena nueva que han compartido con nosotros esta pasada semana. De corazón, mucha suerte.

Sir Hannofer

TEATRO. El portero. "La amenaza del otro".

De Harold Pinter.
Dirección: Carles Alfaro.
Con: Enric Benavent, Luis Bermejo y Ernesto Arias.
Madrid. Teatro de La Abadía.



Acaba de cumplirse un año de la concesión del Nobel de Literatura a Harold Pinter, y este espectáculo, producido por el Teatro de la Abadía, constituye un merecido homenaje al más importante dramaturgo inglés vivo y al más influyente, quizá, de la segunda mitad del siglo XX, y cuya obra, curiosamente, ha brillado por su ausencia en nuestras carteleras. Bienvenido sea, pues este montaje, riguroso y ejemplar, por cierto, de una de sus piezas largas más representativas.

El propio Pinter tiene dicho que le resulta difícil explicar qué pasa en sus obras y ello no es ninguna “boutade”, ni una salida de tono para acallar las típicas preguntas impertinentes de entrevistadores frívolos. Como de muchas de las más celebradas piezas del teatro del absurdo, de cuya poética sus obras son tributarias, no resulta exagerado decir que carecen de argumento, en el sentido convencional del término, aunque no dejen de plantear, como aquellas, situaciones conflictivas y desarrollar una verdadera acción dramática. La obra que comentamos, El portero, (o El cuidador, como han traducido algunos, The caretaker, en inglés original) no escapa a esta caracterización. Sin proporcionarnos apenas antecedentes de los personajes, el autor nos permite, por así decirlo, que nos asomemos a un momento de sus vidas, para, enseguida abandonarlos a su suerte sin que sepamos qué va a pasar después, qué camino van a tomar o en qué van a parar los deseos, inquietudes, o afanes de cada uno de ellos, a cuyo conocimiento hemos tenido acceso durante el breve lapso de tiempo que la obra desarrolla.

El desvalido y torturado Aston, su hermano Nick, desenvuelto y vividor pero no menos desequilibrado e imprevisible que él, y un anciano mendigo, Davies, acogido temporalmente por el primero, constituyen los únicos personajes de la obra. El lugar, un sórdido y destartalado apartamento atiborrado de enseres inútiles y que pareciera la guarida de uno de esos enfermos aquejados del extraño complejo de Diógenes; la lluvia inclemente que golpea contra la ventana y que acentúa la atmósfera de soledad e incomunicación en la que viven sus moradores, y una interminable cháchara, las más de las veces tópica, sobre asuntos de la más estricta cotidianidad. Tales son los mimbres con los que teje Pinter este drama insólito, inquietante, sobre la difícil tarea de vivir, sobre la desconfianza, sobre la amenaza que para nuestro menguado universo de certidumbres supone la presencia del otro, de los otros, y sobre la línea de defensa, hecha de palabras, de silencios, de insinuaciones y de medias verdades, que erigimos frente a esos otros, para intimidarlos, para someterlos a nuestra voluntad o simplemente para blindar nuestro estatus, nuestros pequeños privilegios, ínfimas prerrogativas, a veces, de una existencia anodina y vulgar.

Montaje sobrio, que nos retrotrae a la esencia del teatro de texto, servido con extremada maestría por el director y por los actores, que hacen gala de una extraordinaria madurez artística. Y monta tanto Ernesto Arias (Nick), como Enric Benavent (Davies), dando vida a un tipo extraño y un tanto chulesco, sin oficio ni beneficio, de carácter irascible y reacciones inesperadas, el primero, y a un pobre diablo, anciano, miserable y desconfiado, maltratado por la vida y que trata de mantenerse a flote mientras conserva un último reducto de dignidad, el segundo. Respecto a Luis Bermejo crea, con Aston, uno de los mejores personajes de su carrera: su movimiento, ademanes y gesticulación son los de un enfermo mental, una especie de autista incapaz de relacionarse con los demás, de coordinar sus ideas y de articular coherentemente sus pensamientos; de natural bondadoso, es una criatura frágil y vulnerable, víctima de sus obsesiones y presa fácil de la malevolencia y de los abusos de los demás personajes.

El resultado es un cuadro desolador, revela el vacío de unas vidas carentes de ambición y de un proyecto de futuro, el devenir inocuo de unos seres derrotados, que parecen haber renunciado a buscar algo que dé sentido a su existencia, y transmite una insoportable sensación de angustia y desasosiego.

Gordon Craig.

El portero. Teatro de la Abadía.

sábado, noviembre 04, 2006

ARTE. Basic_B. “Fugacidad. Las mariposas sólo viven un día".

Basic_B vuelve a la carga y nos muestra una pequeña selección de sus últimos trabajos, en su segunda exposición en Guadalajara. La sala de exposiciones del estudio de Laura Domínguez (C/ Marqués de Santillana 1C, Guadalajara. 949210228) muestra al gran público la última apuesta pictórica de Basic_B desde el 1 de noviembre al 31 de diciembre de 2006.



Fugacidad, las mariposas sólo viven un día”, da título a la muestra, y cómo explica Basic_B la elección del título no es gratuita: “las mariposas sólo viven un día, el ser humano vive más, pero, ¿cuanto más disfruta?”. Quizás esta frase por si sola constituya una declaración de intenciones del momento actual de su pintura, y porqué no, del momento vital por el que atraviesa la propia Basic: el replanteamiento de los conceptos vitales de la existencia y la certeza de la fugacidad de la vida del individuo. Y tomando como referencia esta breve premisa se puede vislumbrar del discurso de Basic una crítica en profundidad al devenir diario de una sociedad caótica como la nuestra que no se para a pensar que el tiempo pasa y gran parte del mismo se pierde en vaciedades. La elección de la mariposa y su efímera existencia nos recuerda por un lado que la vida está para vivirla con intensidad y quizás también se trate de un guiño a las pequeñas cosas, a las realmente importantes, al utilizar como elemento compositivo un insecto tan a todas luces insignificante, no por ello hermoso y sugerente, como es una mariposa.




El fragmento de 1984 de George Orwell que acompaña el programa de la exposición: “Despiertos o dormidos, trabajando o comiendo, en casa o en
la calle, en el baño o en la cama, no había escape. Nada era
del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro
de su cráneo..." refleja que Basic todavía encuentra una salida para todo este desaguisado que se ha formado en torno a la sociedad que nos rodea: la Humanidad, el individuo como ciudadano libre e independiente que tiene sobre sus hombros un arma tan poderosa que puede dar a luz una nueva sociedad, una nueva forma de vivir.
Pues desde aquí no me queda más que añadir que os acerquéis por la galería de Laura Domínguez y disfrutéis a gusto del trabajo de Basic_B “in situ”, para daros un pequeño respiro en vuestro estresante devenir diario y si vuestra economía os lo permite llevaros un fragmento de este sueño a casa.

Más información: Estudio Laura Domínguez