Mostrando entradas con la etiqueta Perro callejero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Perro callejero. Mostrar todas las entradas

viernes, diciembre 09, 2005

LIBROS. Perro Callejero, de Martin Amis. Barcelona: Anagrama, 2005.


Xan Meo es un tipo multidisciplinar, escritor, actor y otras tantas cosas más. También es hijo de un delincuente muy afamado. Xan está casado de segundas nupcias con Russia, y tiene dos hijas. Un día cualquiera después de despedirse de su mujer se dirige a su pub. Allí, al lado de una barandilla recibe una brutal paliza. Xan es hospitalizado y después de una larga convalecencia revive, pero ya no es el mismo, es un tipo diferente, más agresivo y está obsesionado con el sexo.


De repente y con Xan todavía en el Hospital salta la noticia de que la Princesa, la hija del Rey de Inglaterra, ha sido fotografiada desnuda mientras se bañaba. En medio de todo este escándalo surge la prensa de los bajos fondos, Clint Smoke, el periodista estrella del Morning Lark (la gozada matutina), un rotativo sensacionalistas dirigido a “soplapollas”, que basa su línea editorial en la pornografía y las noticias amarillas, hace su aparición estelar, para no abandonarnos hasta el final de la novela.

Como si todo lo anterior fuera poco, mientras el accidentado vuelo 101 de CigAir transporta un cadáver en sus bodegas, surge en la historia la figura de un histórico mafioso Joseph Andrews y la de Karla White una megaestrella

del porno. ¿Necesitan más alicientes para devorar la última novela de Martin Amis?

Martín Amis nos presenta una novela aterradora y divertida, que trata de abrir en canal el mundo de la sexualidad, de la pornografía, de la lucha entre hombres y mujeres, del papel que juega al paternidad en la vida posterior de los hijos, y de decenas de asuntos más. El estilo de Amis es directo, incisivo, mordaz y sarcástico, humorístico otras veces. Su narrativa llega dentro, sobrecoge, entretiene, te hace reír. Algunas veces, las menos, te sobrepasa la ficción, como si fuera difícil ver la realidad de lo narrado, como si todo fuera un artificio literario; entonces el invento hace aguas. Aun así un buen regalo de Reyes y una excelente lectura sosegada para vacaciones.

jueves, noviembre 24, 2005

VIDA URBANA. Xan Meo en el Metro de Madrid.

Como cada mañana en un vagón de Metro, pegado a una puerta y con libro abierto me dirigía a mi trabajo. Lectura: perro callejero, de Martín Amis. Metro: línea roja, estación de Noviciado. El protagonista de Mister Amis, Xan Meo, traspasa todo los límites de la realidad literaria y se persona delante de mi, agarrado a la barra vertical del vagón que tengo delante de mis narices.

Xan hecho hombre. Pelo pincho muy corto, unos cuarenta y muchos, ropa deportiva con playeras cantosas, con colores y reflectantes muy brillantes. Chupa de cuero.

No paso de página durante unos minutos. No me puedo concentrar en la lectura. Me está mirando, con ojos tímidos. Disimulo, haciendo que leo.

Un maldito frenazo del convoy y me abalanzo sobre la barra donde Xan sigue aferrado, nervioso, intranquilo, después del duro golpe sufrido en un tugurio de las afueras de Londres. Lo siento, musito. Estas cosas pasan me responde. Veo que tiene ganas de seguir con la charla, y me refugio en mi voluminoso librito. Es algo que siempre me he preguntado, vamos 950 de cada 1000 viajeros van sujetos a las barras, los restantes, no sé muy bien cómo lo hacen pero se sostienen sin más, me espeta de nuevo Xan. No sé nunca me lo había preguntado le contesto todavía un poco perplejo por la situación creada. Xan continua: y por los frenazos vienen los empujones y esos malditos pisotones, y claro no te vas a pegar por un pisotón, pero a veces te entran ganas de romper alguna cabeza por menos. Yo, cabizbajo y huidizo: no hombre no, estas cosas pasan a diario, unas veces recibes y otras machacas el juanete de alguien, un poco de calma y más por la mañana. Xan: es verdad es muy pronto para pegarse.

El convoy bufa por uno de sus altavoces: próxima parada Canal. Me dirijo a Xan por última vez: es mi parada, que pase usted un buen día. Él, se cuadra en una pose militar y me tiende la mano. Se la estrecho y me largo a toda prisa de los andenes. Cuando el metro vuelve a moverse me giro dos veces para comprobar que ninguna sombra extraña me sigue. Inicio mi huida.

Como la vida misma. Sucedió esta mañana a eso de la 8:15 en la línea 2 del Metro. Yo era yo, y Xan Meo, era un friki convertido en Xan Meo por unos minutos. ¿Por qué me suceden estas cosas, y tan temprano?