lunes, noviembre 07, 2005

ACTUALIDAD. Espíritus de Don Quijote.

La exposición “Espíritus de Don Quijote” que sacaba a la calle 63 esculturas inspiradas en el genial caballero creado por Cervantes, de diferentes artistas nacionales, ha sido retirada de las calles de Guadalajara debido al “secuestro” de alguna de las figuras y porque otras han sufrido diversos actos vandálicos que han mutilado algunas esculturas.

Dos apuntes: la despreocupación de los responsables municipales por la vigilancia de la muestra no tiene nombre. Las personas que tienen este tipo de responsabilidades, cargos electos públicos, y no cumplen con su deber sólo pueden pagar de una manera: la dimisión y el escarnio público. Los autores: jóvenes mimados de veinte años, que después de una borrachera pagada por papá, destrozan todo lo que se encuentra por su camino, en este caso las figuras de Don Quijote, deben ser castigados con severidad. Un ejemplo: que sus padres, responsables de estas “criaturas” malignas que asolan nuestras calles, paguen hasta el último céntimo de la factura de la restauración de las figuras.

Guadalajara no tiene remedio, siempre será diferente, caracterizada por el civismo y la educación de sus ciudadanos, por la ejemplaridad y la honestidad de sus responsables municipales, el nombre de la ciudad quedará marcada para siempre por un hecho como este que nunca olvidaremos: una vez más, una vergüenza nacional.

OPINIÓN. PORTULANOS. Las Manos de Orlac.

[Una vez más Ignacio García May es clarividente. Sirva mi blog para la difusión de su columna Portulanos de El Cultural.]

Portulanos. Las manos de Orlac.


Machado se equivocaba: nunca hubo dos Españas. Era una sola, esquizofrénica, enferma. Como en Las manos de Orlac, el cuerpo miraba sus manos con repugnancia, extremidades de muerto implantadas en los muñones, cosidas con cicatrices tan gruesas que parecían pulseras de bramante en torno a las muñecas. Acaso fuera el dolor de los costurones lo que haya carcomido, enloquecido a tanta gente, haciendo imposible toda reflexión sensata, tranquila, sobre nuestra Guerra y sus consecuencias. Siempre me ha parecido que Haro era la metáfora viva de esa España, no partida, sino atomizada a base de acumular miedos, rencores, esperanzas truncadas, melancolías, odios, deseos de utopía, mentiras, en suma, contradicciones tratadas como muro de cárcel y no como mecanismos de aprendizaje.

Haro fue falangista, sí, pero también Jiménez Losantos fue maoísta y mira ahora; si entramos en ese juego la mitad del país tendría que mirar para otro lado. Se me hace imposible juzgar los mecanismos de la supervivencia en circunstancias tan ajenas. Luego, Haro se pasó a la izquierda extrema y por el camino arrambló con todo. A veces arremetía contra las grandes mentiras de nuestro tiempo y entonces era admirable; otras le asaltaba la paranoia y veía a la derecha como los alcohólicos las cucarachas que le trepan por las piernas, estrangulado por un maniqueísmo despiadado. No es verdad que se le quisiera tanto en el mundo del teatro: la mayor parte de los directores le odiaban tanto como él a ellos, y la ruptura de su amistad con Marsillach hizo época. El homenaje de la otra tarde fue, más que nada, un censo de quién está por la corrección política, donde igual cabían los amigos sinceros que las ratas. Porque las ratas, en el teatro, hacen lo mismo que las de los barcos: se suben a ellos cuando las bodegas van llenas y se escapan cuando hay peligro de naufragio. A mí la muerte de Haro me entristece, porque creo profundamente en los versos de John Donne. Pero con gusto colgaría de los pulgares a todos esos hijos de puta que aún hoy continúan asustando a la gente con la amenaza de la Guerra Civil, como si no fuera suficiente con haber destrozado a dos generaciones.

GARCÍA MAY, Ignacio

viernes, noviembre 04, 2005

TEATRO. The Winter's Tale, El Cuento De Invierno, de William Shakespeare. Propeller, Watermill Theatre. “Teatro en estado puro".

La compañía Propeller del Watermill Theatre ha desembarcado en Madrid, en el teatro María Guerrero, para ofrecernos una de las últimas obras del genio de Stratford-on-Avon: The Winter’s Tale, El Cuento de Invierno.


Shakespeare esta vez nos propone la problemática de los celos en la vida conyugal. Dos amigos, dos reyes, se enemistan por los endiablados celos de Leontes, el rey de Sicilia, por la “relación” de su mujer Hermíone y el Rey de Bohemia, Políxenes. Hermíone, embarazada, es encarcelada y Políxenes huye de Sicilia al ser advertido por un criado de que iba a ser envenenado.

Leontes juzga a su mujer ante un tribunal público, pero antes envía unos emisarios al oráculo de Delfos para que sea éste el que dictamine si su decisión ha sido errónea o no. El oráculo responde a Leontes que está equivocado y le vaticina horrendos males. Hermíone muere pero antes deja una criatura que es abandonada en un paraje de Bohemia: Perdita, que un pastor y su hijo recogen y cuidan.

El resto de la historia se la dejo a la gente del Propeller y a sus espectadores, amantes del buen teatro y buenos conocedores de las tropelías que Shakespeare preparaba para sus personajes. Lo que si puedo adelantar es que el final es inesperado y digno de un drama shakesperiano de altura.

La puesta en escena de Edward Hall, el director, es exquisita, con una iluminación muy cuidada y apropiada, con la inclusión de canciones populares originales, y con el acierto de introducir acordes de piano en directo que acompañan sobremanera a la acción dramática. El trabajo actoral es sobresaliente, el desdoblamiento una y mil veces de los del Propeller para representar a cada uno de los personajes, es meritorio. Habría que resaltar el brillante trabajo de Jason Baughan en el papel del entrañable e incansable buscavidas Autólico y el de James Tucker en el papel de la concienzuda e irredenta Emilia, dama de compañía de Hermíone.

Un detalle muy chocante, que cuando la obra va avanzando se hace casi inapreciable, pero que desde el comienzo llama la atención, es que los actores del Watermill Theatre son todos varones, y por lo tanto los papeles femeninos los interpretan hombres, una tradición de los tiempos de Shakespeare rescatada por Edward Hall, pero que salta a la vista desde la primera escena para unos espectadores, como los actuales, que están tan acostumbrados a ver a actrices encarnar los personajes femeninos en cualquier representación.

Sobresaliente demostración de autoridad del Watermill Theatre en Madrid en una noche mágica más del Festival de Otoño en el María Guerrero. Un Shakespeare que emociona, sobrecoge, divierte y apasiona al espectador desde la primera escena, un trabajo impecable, un estudio concienzudo de la obra que a todas luces da la razón a Edward Hall y a su novedosa propuesta shakesperiana. Tardaremos mucho tiempo en olvidarnos de su original puesta en escena del Cuento de Invierno, y el público madrileño podrá darse cuenta de que aquí muchas veces nos hacen creernos el ombligo del mundo, y que no es oro todo lo que reluce.

El único pero que puedo añadir es el habernos perdido, algunos, la magia y la expresividad de la lengua de Shakespeare en todo su esplendor, en una ocasión única e irrepetible.

Winter's Tale. Propeller.

CURIOSIDADES. Alergias.



La semana pasada tuve revisión médica. Una visita rutinaria a la consulta de alergias. Todo parece normal, pero me vuelven a repetir las pruebas. Los resultados están listos media hora después. Según me informa la especialista, me han dado positivo las mismas plantas de siempre, algunas malezas de la familia de la artemisa. Pero está vez, también estoy sensibilizado a otras nuevas: la barrilla pinchosa, el cenizo y el bledo.
¡Vaya por Dios! Con lo bien que quedaba yo cada vez que decía que era alérgico a la artemisa que nadie conocía. Los tiempos cambian. Ahora puedo no parar de dar la barrila, pinchosa muchas veces, aunque me importe un bledo el asunto, y me ganaré a pulso que me digan que soy un cenizo.

miércoles, noviembre 02, 2005

TEATRO. Jorge Dandín. "Farsa del marido ultrajado".

De: Moliere.
Con: Aníbal Fernández, Enka Alonso, Isabel Alguacil, Pedro Casas, Mario Sánchez, Diego Velázquez y Javier Laorden.
Compañía: MIMAN Teatro.
Dramaturgia y dirección: Andrés Beladíez.
Toledo, Teatro Rojas


Aunque sin el espesor psicológico de los personajes de las grandes comedias satíricas (Alceste, Tartufo o Arpagón, por ejemplo) este Jorge Dandín no reniega de su estirpe molieresca, y su patética figura de marido engañado atrae sobre sí todas la iras del moralista social que nunca dejó de ser el autor, que aquí pone en solfa la obstinación con la que algunos miembros fatuos e ignaros de la burguesía acomodada pretendían mejorar su condición social por el expediente de emparentar con damas de una nobleza decadente y cuyas virtudes otrora ponderadas habían entrado en un irreversible proceso de descomposición.

Espoleado por ese necio afán de ascender de clase, Jorge Dandín, cuarentón de buena posición social, se ha casado con una jovencísima Angélica, de apellido ilustre, que pronto encuentra la manera de satisfacer sus deseos fuera del matrimonio. Enterado de los tejemanejes de su mujercita Dandín acude a sus suegros para que pongan coto a sus desafueros; pero una y otra vez resulta chasqueado. Su torpeza y escasa presencia de ánimo son insuficientes para contrarrestar los engaños y embelecos de Angélica, para quien él no es más que un palurdo provinciano con el que no está dispuesta a compartir su vida.

El trabajo de dramaturgia de Andrés Beladíez es meritorio; a la labor de actualización del texto -que le confiere un cierto halo de modernidad- se suma la poda de sus excrecencias costumbristas y del exceso de introspección psicológica, respetando, eso sí, en la construcción de los personajes, aquellas actitudes y rasgos de la personalidad que alimentan el conflicto principal de la pieza: la distinta valoración que los cónyuges tienen de las obligaciones de la mujer en el matrimonio. En efecto, Angélica, que parece haber sido educada en la “escuela de mujeres” del propio Moliére, no quiere someterse a la obligación de fidelidad que trata de imponerle un marido que “ella no ha elegido” y demanda con vehemencia disfrutar de su juventud; mientras que Dandín quiere imponerle a toda costa su concepción exclusivista y pequeño burguesa de la vida marital.

El resultado es una farsa burlesca ágil y rebosante de comicidad, a cuyo cultivo se dedican los mejores esfuerzos de la dirección y del trabajo de los actores. Cada cuadro está cuidadosamente planeado y realizado, desde el movimiento escénico, las entradas y salidas, las carreras, persecuciones y porrazos deudos de la Commedia dell’Arte, hasta el parloteo en off, los intermedios decorativos o la espléndida ejecución de los apartes. Amén de una matizada iluminación que contribuye a desrrealizar el espacio trasladándolo a los etéreos dominios de la fantasía. El elenco, por su parte, derrocha entusiasmo y entrega, y exhibe, en su conjunto, un excelente control del fraseo y de la entonación y una extraordinaria pericia en la composición física de los personajes, apoyado por un vestuario estilizado que evoca el ambiente preciosista de la Francia de la época que Molière quería ridiculizar. Mario Sánchez es Clitandro, un botarate atildado de modales cortesanos; Aníbal Fernández da lo mejor de sí para componer un Dandín fatuo, acomplejado y papanatas cuyo empecinamiento y falta de luces le convierten en blanco de todas las burlas. Angélica (Enka Alonso) y Claudina (Isabel Alguacil) son dama y criada respectivamente; ambas rivalizan en desparpajo y simpatía; la primera muestra ser una consumada maestra del engaño y de la doblez, aunque sabe ser también sincera y contundente en la defensa de sus convicciones y en su apuesta por la vida disipada; en cuanto Claudina, esconde bajo la apariencia de sumisa damisela a una pícara redomada. Lubín (espléndido Pedro Casas), es un cretino de tomo y lomo, obsequioso y duro de mollera, que con su candidez, su bohonomía, sus despistes y sus meteduras de pata se revela como un discípulo aventajado del mismísimo Arlequino.

Gordon Craig.

LA COSTA BRAVA EN TU SALÓN.

Ayer salió la noticia en un telediario, no sé bien en cual, porque ante el apabullante despliegue de medios para dar a conocer hasta el último detalle del nacimiento de la Infanta Leonor (¡bienvenida criaturita!) de todas las cadenas, mi mando a distancia se volvió medio loco.

El caso es que La Costa Brava, por unos 300 euros toca en el salón de tu casa todo su repertorio en directo. Los “indies” alegan que es complicado organizar giras y que de esta manera se dan a conocer. Veremos si la iniciativa sale bien, y si otros grupos se animan también a seguir los pasos de La Costa Brava.

Yo me pido a Wilco y con Los Planetas de teloneros para mi próximo cumpleaños. Apuntad queridos amigos, del resto ya sabéis que me ocupo yo. A mis queridos vecinos y vecinas “amables” les pido que se vayan por un día al carajo.