
Dos apuntes: la despreocupación de los responsables municipales por la vigilancia de la muestra no tiene nombre. Las personas que tienen este tipo de responsabilidades, cargos electos públicos, y no cumplen con su deber sólo pueden pagar de una manera: la dimisión y el escarnio público. Los autores: jóvenes mimados de veinte años, que después de una borrachera pagada por papá, destrozan todo lo que se encuentra por su camino, en este caso las figuras de Don Quijote, deben ser castigados con severidad. Un ejemplo: que sus padres, responsables de estas “criaturas” malignas que asolan nuestras calles, paguen hasta el último céntimo de la factura de la restauración de las figuras.
Guadalajara no tiene remedio, siempre será diferente, caracterizada por el civismo y la educación de sus ciudadanos, por la ejemplaridad y la honestidad de sus responsables municipales, el nombre de la ciudad quedará marcada para siempre por un hecho como este que nunca olvidaremos: una vez más, una vergüenza nacional.