lunes, noviembre 28, 2005

ARTE: 50 años de la Fundación Juan March.

La Fundación Juan March cumple 50 años dedicados al Arte, y para celebrar sus bodas de oro nos regala una exposición retrospectiva donde tienen cabida gran parte de los artistas que han tenido un hueco en sus salas a lo largo de este fructífero periodo de propuestas artísticas.

Visitar una exposición un día de diario es un lujo que no está al alcance de todos, básicamente porque tenemos que ir a trabajar de lunes a viernes. Sin embargo y si tienes la oportunidad de disfrutarlo, en estos días te encuentras a los cuatro solitarios que se dedican a la vida ociosa, y como mucho a alguna excursión de chavales. Esto significa que puedes degustar cada sala tú solo, sin que nadie pueda perturbar tu comunicación con el lienzo, y sobre todo disfrutas del Arte en silencio.

La selección de las obras abarca un periodo grande: vanguardias, movimientos y expresiones artísticas individuales del siglo XX. En total son 60 obras deliciosas, que permiten darse un agradable paseo, empezando por los impresionistas, destacando el sobrecogedor “Curva en la carretera a Montgeroult” de Paul Cézanne, en la imagen. Después de los Monet, Manet, Degas, Toulouse Lautrec, Gauguin, nos acompañan en las salas de la Fundación Juan March, los fauvistas como Matisse y los expresionistas de las dos escuelas alemanas, Die Brücke y Der Blau Reiter, así como la Sezession vienesa, con un impresionante “Adán y Eva” de Gustav Klimt.

La representación cubista es de gran calidad con obras de Picasso, Braque, Juan Gris: “Garrafa y bol” y Leger. Luego vienen Mondrian, con una de sus llamativas obras: “Composición II” y Malevich con un soberbio cuadro suprematista negro: “Cuadrado negro”. La abstracción viene de la mano de Kandisnky, con una obra menor y con el “homenaje a Picasso” de Paul Klee.

La siguiente sala está preñada de sueños, los surrealismos de Dalí, Magritte, Miró y Max Ernst. Y entre ellas nos encontramos con las cuatro escultores de la exposición: Giacometti, Julio González, Calder y Cornell. Entre las esculturas llama la atención un sobrecogedor lienzo de Marc Chagall “Sobrevolando la ciudad”.

A partir de aquí, se pone un punto y seguido en la muestra, y además se desciende al primer sótano del edificio. En este momento, debido a la 2ª Guerra Mundial, los artistas se trasladan a Estados Unidos, y siguen dos corrientes bien diferenciadas, una la que sigue las grandes corrientes europeas, con representantes sobresalientes: De Kooning, Rothko, Sam Francis y Pollock, y la otra que da una nueva visión a la figuración: Lichtenstein, Wharhol, Wesselmann, etc.

Para terminar y hacer las delicias de los amantes de la fotografía, la exposición incluye 6 fotografías, dos de Cartier Bresson, dos de Julia Margaret Cameron (de los años 1860 y 1870) y dos de Irving Penn.

La muestra de la Fundación March te invita a dejarte llevar y abrir los cinco sentidos para vivir el arte de vanguardia sin complejos, con tranquilidad y para mostrarte el camino, la evolución, del Arte desde finales del siglo XIX hasta los años ochenta del XX. Esta exposición es un verdadero lujo, muchas obras son de primerísima línea y tardarán en volver por aquí. No la debéis dejar escapar, además es gratuita.

PD La Mujer Tirita ya visitó esta exposición hace tiempo, y nos regaló en su "post" con el cuadro de Klimt, toda una delicia.

sábado, noviembre 26, 2005

MÚSICA. Semana mágica de conciertos. LHR, Lori Meyers, Budapest, Sidonie. Mercury Rev.

El cuerpo todavía aguanta o eso parece. El jueves en la sala La Riviera, rodeada de los escombros y las vallas que amontona por las obras capitalinas el último faraón de Madrid, Ruiz Gallardón, asistí a un concierto por partida cuatriple. Desde las nueve de la noche del jueves hasta las cuatro de la madrugada del día siguiente estoicamente resistí el vendaval de Rock and Roll de La Habitación Roja, de Lori Meyers, de Budapest y de Sidonie.

Una cola descomunal nos dio la bienvenida, todo nos hacia imaginar que nos íbamos a quedar fuera algunos. Pero no se cumplieron los malos augurios. Una vez dentro, todo fue una fiesta, una reunión de amigos con ganas de pasarlo bien y de disfrutar de buena música. También fue la noche de la agradable sorpresa de La Bala Perdida, ¡bienvenida! Una noche mágica.

No soy la persona más indicada para hablar de música, aunque si me pueda definir como un melómano enamorado e irredento. Aun con esas voy a dar unas pinceladas breves sobre lo acontecido en La Rivera. LHR estuvo en su línea ascendente con ese poderoso directo que los caracteriza y que cada vez tiene más adeptos. Lori Meyers fue la pequeña decepción, las canciones de su último disco sonaron distantes, improvisadas y aburridas, nada que ver con los tres temas de su primer trabajo, impecables e intensas como siempre, que nos tocaron. De Budapest poco más se puede decir que en anteriores ocasiones no se haya escrito ya, son una explosión de rock, su sonido limpio y directo y sus pegadizas letras te envuelven por completo y siempre satisfacen las expectativas de los más exigentes. Sidonie es espectáculo en estado puro. Una vez más su concierto fue redondo, sobresaliendo algunas de sus nuevas canciones, como la exquisita Fascinado, y los grandes clásicos de sus dos anteriores trabajos, sobre todo de Shell Kids.

No sabemos a que se debieron el retraso en la entrada al recinto y la excesiva pasividad de los “chispas” a la hora de cambiar el material de los grupos entre concierto y concierto, algunas veces de hasta una hora. A pesar de ello fue una noche redonda, y estoy seguro que estos desgraciados incidentes no será lo que recordemos.

Lo de la noche del viernes en Aqualung, fue: MERCURY REV. Así sin más, MERCURY REV, en mayúsculas. Todo estaba en contra, el cansancio acumulado de la noche anterior, una dura jornada de trabajo, una tarde desapacible con agua y frío. La desagradable noticia de que las puertas se abrían a las 18:30, porque la sala luego se convierte en discoteca los viernes y entonces los conciertos se adelantan, lo cual quiere decir que al haber quedado nosotros a las 21 horas, como siempre, no pudimos ver a los Dirty Three ni a The Decemberists. Lo siento por sus incondicionales, pero no se les echó en falta. La magia de MERCURY REV nos sobrecogió desde el principio, nos inundo de música todo el cuerpo y nos extenuó hasta la rendición final. Queda claro que hay divisiones o niveles, queda más que claro que MERCURY REV, son de primera división, vamos son de otra galaxia. Sólo me queda preguntarme ¿cuándo vuelven a Madrid?

La crónica de verdad sobre MERCURY REV llegará pronto, y será un honor y un privilegio enlazárosla desde mi blog. Sir Hannofer, deseosos te esperamos.
Sir Hannofer.
Recomiendo el inteligente y divertido post de La Bala Perdida sobre el macroconcierto del jueves en La Riviera:LaBalaPerdida

ARTE. Bea de las Heras, Basic_B, El nacimiento de una estrella, 2004.

El nacimiento de una estrella.
























Contacto.

VIDA RURAL. Un regalo de los Dioses, un kiosco.

No me acuerdo con exactitud de la primera vez que un periódico cayó en mis manos. Debió de ser a una edad muy temprana porque en mi casa siempre recuerdo montones de diarios apilados uno tras otro en la mesita que está cerca de la estufa de leña. Todavía se hacinan allí cada semana.


Ya si recuerdo los tiempos grandes de El País, el primero que me viene a la memoria, y su fantástico Pequeño País, que yo devoraba cada domingo. Luego llegó el Diario 16, el gran El Independiente que sólo salía dos días por semana, y que más tarde se convirtió en diario, en un gran e inolvidable periódico. Después del cierre de estas dos cabeceras en los tiempos del implacable y corrupto felipismo, llegó El Mundo, un periódico nuevo, moderno, innovador, ya entrañable e inseparable de mis ratos de información cada mañana en el tren.

Hubo intervalos de tiempo en los que volvió a mi El País, en los duros días de la segunda Guerra del Golfo, pero fueron breves e insatisfactorios. También llegaron unos meses en los que La Vanguardia me acompañaba tras el café de mediodía, pero fue algo accidental, regalaban el diario en mi trabajo.

También tuvieron su hueco los diarios deportivos, en mi primigenia adolescente, ese Marca de todos los lunes, o aquel proyecto propio de un Lope de Aguirre provinciano que fue el Nueva Alcarria Deportivo, cuando el CB Guadalajara ascendió a la Liga ACB por méritos propios pero que por falta de patrocinadores se quedó donde estaba y sigue, en la nada.

El papel prensa me rodeará para siempre, estoy seguro que aunque llegue un momento en que no pueda ver, pediré a la persona más cercana que tenga en ese momento, que lea para mi los titulares del día, o a los columnistas que ponen en solfa jornada tras jornada al país, o que repase para mi las noticias culturales más relevantes, sobre todo las de teatro y cine de estreno.

Todo esto viene a cuento de que en mi pequeña e irredenta aldea han abierto un kiosco. El anhelo de toda mi vida, lo que nunca terminaba de instalarse y hacerse una realidad; llegaron las terrazas de verano, la pantallas grandes de TV para ver el fútbol los domingos, la biblioteca municipal, y otras tantas cosas. Nada de esto me conmovió de tal manera como la llegada de la “tienda de los periódicos” como yo decía de pequeño. Viví el momento del “plantado” del kiosko en la plataforma de hormigón, acompañé a Pilar, su dueña, en el día de la inauguración, venciendo un día infernal de otoño de lluvia y frío. Comuniqué a decenas de personas la noticia, nunca había repetido tantas veces un mismo argumento, algo dentro de mi se sentía plenamente satisfecho y sentía la necesidad de compartirlo con el resto. Gracias. Suerte. Larga vida por muchos años.

TEATRO. Amar después de la muerte. "El Tuzaní de la Alpujarra".

De Pedro Calderón de la Barca.
Versión de Yolanda Pallín.
Con: Joaquín Notario, Montse Díez, Javier Mejía, José Luis Santos, Pepa Pedroche, Jordi Dauder, Miguel Cubero, Toni Misó, César Sánchez, Ione Irazábal, Juan Meseguer y otros.
Escenografía: José Hernández. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Vestuario: Rosa García Andujar.
Direción: Eduardo Vasco. CNTC. Madrid. Teatro Pavón.




En esta comedia histórica de madurez Calderón dramatiza la sublevación de los moriscos de la Alpujarra granadina durante el reinado de Felipe II, sus antecedentes y la extrema dureza con que fue sofocada la revuelta por las tropas reales al mando de Don Juan de Austria. Menos atento a la realidad histórica –aunque sin obviarla-, que a los clichés de su época sobre un episodio legendario y a los estereotipos sobre el honor que impregnaron gran parte de su producción dramática, el dramaturgo sitúa en el centro de la vorágine de la violencia desatada por la guerra a la pareja de enamorados Clara (hija del noble morisco Don Juan de Malec) y Don Álvaro Tuzaní, en torno a cuya peripecia amorosa se articulan las principales líneas de conflicto de la obra.

Un lance de honor, el agravio de don Juan de Mendoza a Malec, en la reunión del Cabildo de Córdoba en el que se discute la aplicación de una pragmática real que prohibe la exteriorización de usos y costumbres musulmanas entre los moriscos, aviva el odio y los recelos latentes entre las dos comunidades y espolea el levantamiento y la posterior represión. La convivencia es imposible, parece decirnos Calderón, o lo es sólo a condición de la renuncia absoluta de la minoría en conflicto a mostrar cualquier signo de identificación cultural y religiosa. Y al final, aunque don Álvaro consigue vengar la muerte de Clara, solo será perdonado tras la más denigrante de las humillaciones. Por otra parte, el honor de los jefes de las huestes cristianas queda salvaguardado, puesto que el autor de la felonía es el exaltado Garcés, un soldado de fortuna. El ciclo se cierra y el orden social dominante sale fortalecido.

Obra compleja, como se ve, y aunque el tema de fondo, de candente actualidad, avala la oportunidad del montaje y facilita la recepción de los espectadores, la heterogeneidad de elementos implicados, los frecuentes cambios de espacio, y la alambicada estructura de la obra, con sobreabundancia de climax y anticlímax -que, a veces, relajan innecesaria y letalmente la tensión dramática-, complican su plasmación escénica y ponen a prueba la pericia de los actores, del director y de todo el equipo técnico. El resultado es irregular, no tan brillante, en todo caso, como Eduardo Vasco nos tiene acostumbrados, aún cuando se consiguen cuadros de gran belleza e intenso dramatismo, sobre todo en las escenas ambientadas en espacios interiores, donde parece acompasarse el ritmo del verso al movimiento escénico pausado y al claroscuro de la iluminación. Los exteriores resultan más caóticos y uno termina por perderse entre el laberinto de bastimentos que simulan las defensas de Galera o entre las breñas de esa imponente serranía que Calderón no se cansa de elogiar en versos exuberantes, ocultando uno y otros el acceso a la conciencia de los protagonistas donde se labra su verdadero drama personal y humano.

Existen, empero, numerosas ocasiones para el disfrute en este espectáculo deudo, para lo bueno y para lo malo, de las esencias de la teatralidad barroca. Podemos gustar de una evocadora ambientación musical, de la espléndida recreación del vestuario de época que realiza Rosa García Andujar, o de un solvente trabajo de actuación, bien que carente, a ratos, del nervio suficiente para traspasar la línea que separa el escenario del patio de butacas. Un tanto excesivo en su iracundia resulta el codicioso y pendenciero Garcés (Miguel Cubero) un bellaco sin escrúpulos digno representante de la soldadesca; Pepa Pedroche también ha hecho papeles mejores que esta Doña Clara, un patrón fraseo y de entonación monocordes rebajan considerablemente su habitual fuerza expresiva. Jordi Dauder y José Luis Santos salen airosos de sus respectivos papeles. El primero presta severidad, nobleza y continente altivo al anciano Malec; el segundo es un convincente Don Juan de Mendoza, militar disciplinado y leal, altanero y orgulloso de su ascendencia de cristiano viejo. Destacan, en fin, Joaquín Notario en el papel de Don Álvaro, personaje complejo donde los haya, protagonista absoluto de la obra y quien ofrece una más vasta gama de actitudes y sentimientos encontrados, y el dicharachero e ingenuo Alcuzcuz (Toni Misó) un gracioso sui géneris, acomodaticio y bonachón que con su media lengua y sus ocurrencias hace las delicias del público

Gordon Craig.

Amar después de la muerte. CNTC.

jueves, noviembre 24, 2005

VIDA URBANA. Xan Meo en el Metro de Madrid.

Como cada mañana en un vagón de Metro, pegado a una puerta y con libro abierto me dirigía a mi trabajo. Lectura: perro callejero, de Martín Amis. Metro: línea roja, estación de Noviciado. El protagonista de Mister Amis, Xan Meo, traspasa todo los límites de la realidad literaria y se persona delante de mi, agarrado a la barra vertical del vagón que tengo delante de mis narices.

Xan hecho hombre. Pelo pincho muy corto, unos cuarenta y muchos, ropa deportiva con playeras cantosas, con colores y reflectantes muy brillantes. Chupa de cuero.

No paso de página durante unos minutos. No me puedo concentrar en la lectura. Me está mirando, con ojos tímidos. Disimulo, haciendo que leo.

Un maldito frenazo del convoy y me abalanzo sobre la barra donde Xan sigue aferrado, nervioso, intranquilo, después del duro golpe sufrido en un tugurio de las afueras de Londres. Lo siento, musito. Estas cosas pasan me responde. Veo que tiene ganas de seguir con la charla, y me refugio en mi voluminoso librito. Es algo que siempre me he preguntado, vamos 950 de cada 1000 viajeros van sujetos a las barras, los restantes, no sé muy bien cómo lo hacen pero se sostienen sin más, me espeta de nuevo Xan. No sé nunca me lo había preguntado le contesto todavía un poco perplejo por la situación creada. Xan continua: y por los frenazos vienen los empujones y esos malditos pisotones, y claro no te vas a pegar por un pisotón, pero a veces te entran ganas de romper alguna cabeza por menos. Yo, cabizbajo y huidizo: no hombre no, estas cosas pasan a diario, unas veces recibes y otras machacas el juanete de alguien, un poco de calma y más por la mañana. Xan: es verdad es muy pronto para pegarse.

El convoy bufa por uno de sus altavoces: próxima parada Canal. Me dirijo a Xan por última vez: es mi parada, que pase usted un buen día. Él, se cuadra en una pose militar y me tiende la mano. Se la estrecho y me largo a toda prisa de los andenes. Cuando el metro vuelve a moverse me giro dos veces para comprobar que ninguna sombra extraña me sigue. Inicio mi huida.

Como la vida misma. Sucedió esta mañana a eso de la 8:15 en la línea 2 del Metro. Yo era yo, y Xan Meo, era un friki convertido en Xan Meo por unos minutos. ¿Por qué me suceden estas cosas, y tan temprano?