miércoles, febrero 14, 2007

14 DE FEBRERO, DÍA DE LOS ENAMORADOS.

Hoy día de los enamorados regalemos besos y abrazos, y caricias y miradas cómplices, y cojamos de la mano a nuestras parejas... Y dejémonos, por una vez, de regalos insípidos e inútiles que la mayoría de las veces terminan en el fondo de un cajón.

Y tampoco olvidemos en día tan señalado a nuestros mayores y a nuestras familias, padres y hermanos, que también son seres queridos y necesitan de nuestro afecto.

domingo, febrero 11, 2007

BLOGUER@S. Carta abierta a la Mujer Tirita.

Querida Nu

Antes de nada quería decirte que no te tomes a mal estas letras, las escribo con todo el afecto que sabes que te tengo desde hace ya unos cuantos años. También me he decido a enviarte esta misiva porque tras la lectura de tu “post”
energías renovables, algo dentro me ha dicho que te tenía que dedicar esta carta.

Vayamos por partes…

Eduardo Mendoza es un gran escritor, tiene algunas novelas como: “La verdad sobre el caso Savolta” o “Sin noticias de Gurb” que denotan que es un gran narrador, pero luego tiene textos menores y sin menospreciar a nadie, sus últimos trabajos dejan mucho que desear. Quizás su obra, más bien sus últimas novelas, sean el reflejo de sus palabras, las que tú citas en tu “articulito”.

Quizás el señor Mendoza ya lo ha escrito todo (que me perdone si no es así) y prefiera el retiro; siempre hay saber decir adiós y es digna de todo elogio esa sabia decisión.

El no saber de que escribir, el síndrome del folio en blanco, es algo que sucede, muchas veces, pero se supera, te lo aseguro. Y se cura escribiendo una y otra vez, y tirando muchas malas líneas al cubo de la basura.

Yo te sigo desde que empezaste y creo que has logrado comunicar, mucha gente te sigue a diario y te necesita al otro lado. Tus “posts” hacen sentir cosas, y muchas personas, lectores anónimos te siguen porque mientras a la Mujer Tirita se le ve el hilillo del tanga cuando va al taller a llevar su Ibiza y señala al mecánico dentro del motor lo que cree que le sucede a su coche, muchos ojos detrás de una pantalla se sienten mejor viéndose reflejados en tus textos llenos de ironía, frescura y buen humor.

También me gustaría decirte que compartir la cotidianidad personal de cada uno con los demás, como tú haces semana tras semana, hace que uno mismo se sienta arropado y un poco liberado de la dura carga del vivir hoy en día en una sociedad tan agresiva y poco comunicativa, como la que compartimos a diario.

La valentía para afrontar la vida a cara de perro, el conocerse a uno mismo y sentirse a gusto consigo, tal cual uno es, es complicado de llevar para mucha gente, que prefiere prepararse su “matrix” personal y esconderse tras esa careta irreal. Tú, cada día “muestras tus pánicos, tus vergüenzas, tus vísceras”, y tu forma de ser, y eso, lo creas o no, anima a mucha gente a dejarse los complejos en casa y a intentar conocerse un poquito más, con arrojo y sin vergüenza.

Te animo a seguir. Sinceramente.

Coda. Y te propongo un pequeño reto voluntario. Aunque suene muy feo llamémoslo en principio “ejercicio”. Quizás te pueda servir para encontrar algo de aire fresco y abandonar la idea de dejar de escribir. Escríbeme una carta a la semana, o a los quince días, que trate sobre lo que quieras y que la extensión también sea libre. Yo contesto y tú contestas, en plan tormenta de ideas y aunque pueda parecer un poco surrealista, al menos puede ser gracioso. Cuando te aburras o me pase a mi lo mismo lo dejamos y tan amigos.
Ya me dirás.

Besos.

Doc.

domingo, febrero 04, 2007

TEATRO. EL RINCÓN DE GORDON CRAIG. ¿Dónde estás, Ulalume, dónde estás?. "Náufrago en un mar de ginebra y de tristeza".

De Alfonso Sastre.
Con: Chete Lera, Zutoia Alarcia, Camilo Rodríguez.
Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente.
Madrid. Teatro Auditorio Adolfo Marsillach.

El título de la obra que comentamos rememora uno de los más bellos poemas elegiacos compuestos por Poe en memoria de su jovencísima mujer, Virginia, que la tuberculosis le arrebató con apenas 23 años, y cuya pérdida dejó una profunda herida en el alma del poeta. En sí mismo el poema constituye una fatídica premonición del abandono, la profunda tristeza y la desesperación que debieron colmar los últimas y penosas horas de vida de este desdichado escritor.

Como en otras ocasiones (Kant, Miguel Servet) la biografía funciona como referente de la ficción teatral cuyo intenso dramatismo emana en este caso de la concentración temporal. Mediante una hábil mezcla de acontecimientos del presente con recuerdos y con alucinaciones, toda una vida de luces y sombras se hace patente ante nuestros ojos en unos pocos días, el lapso de tiempo que va desde la madrugada del 27 de septiembre de 1849 en que Poe coge el barco cerca de Richmond, Virginia, hasta que lo encuentran en estado calamitoso en las calles de Baltimore, su traslado al hospital Washinton College, su muerte, y su entierro en la más absoluta soledad el 8 de octubre por la mañana. Las horas marcan de manera inapelable este peregrinaje fatídico por calles y tabernas hasta su encuentro último y definitivo con sus recuerdos y con el alcohol que le llevará al deilirium tremens y a la muerte.

La obra se estructura siguiendo un orden lineal en un total de XXI actos breves, que corresponden a otras tantos encuentros de Eddy con sucesivos personajes: Elmira, su novia de juventud que le despide en Richmond, Billy, el empleado de la consigna en la estación, el cantinero, Barbarroja -el marino borracho de la taberna del “Ciprés Rojo”-, el mendigo, Jimmy, que luego resulta se un enfermo escapado de un frenopático, etc. Y a lo largo de esos fugaces encuentros, a la vez que hace avanzar la acción dramática, Sastre se las ingenia para ir aportando datos biográficos de Poe, en la medida justa para que podamos reconstruir aquellos episodios de su vida pasada que son absolutamente necesarios para comprender su situación actual.

Pérez de la Fuente ha sabido entender el intenso dramatismo que la historia encierra, así como la atmósfera de misterio y pesadilla, mezcla inextricable de realidad y alucinación, que envuelve a los personajes y traducirlo a imágenes vívidas de fuerte carga expresionista que se resuelven, a veces, en un ceremonial sacro o demoníaco: el amanecer brumoso en los muelles, el ritual de la bebida y el aire viciado de las tabernas, la cháchara estúpida de los candidatos, el torbellino de la fiesta electoral o el frío glacial de la morgue. Obviamente nada de esta decrepitud, nada de esta desgarradora soledad, nada de ese infinito desamparo se podría transmitir sin el concurso de una espléndida labor de los actores. Zutoia Alarcia y Camilo Rodríguez, que se desdoblan, con varia fortuna, en una multiplicidad de personajes ocasionales, pero sobre todo el protagonista, Chete Lera, en una antológica recreación de un Poe crepuscular y maltrecho que se enfrenta, con las menguadas armas de una débil voluntad y un último resto de dignidad, al designio trágico de una existencia de penalidades sin cuento. El personaje incorpora muchos de los rasgos de la fisonomía del escritor que han recogido sus biógrafos: un aspecto atildado con una larga y sedosa cabellera; su continente apuesto, su palidez, su profunda mirada inquisitiva y su hablar lento y pausado que contrasta con la jerga popular y el hablar atropellado del resto de los personajes. Modula, asimismo, magistralmente, los cambiantes estados de ánimo del personaje, sus escasos momentos esperanzados, los instantes en los que le embarga la emoción de un recuerdo agradable, o aquellos otros en los que le atenaza el dolor físico, en los que le reclaman sus personajes literarios o en los que le torturan sus visiones del horror.

Excepción hecha del montaje de EOLO Teatro, en la temporada 94/95, cuatro años después de ser escrita la obra, y al parecer, en un dominio geográfico muy restringido del País Vasco, esta obra de Sastre no había subido a las tablas, por lo que el de anoche puede considerarse casi un estreno absoluto y, de nuevo, en un teatro de la periferia de Madrid, sin el respaldo institucional que se merece un autor de tan altas cualidades estéticas y de tan insobornable actitud ética. Una ocasión perdida, de nuevo, para mostrar el reconocimiento debido a la destacada trayectoria de nuestro eximio dramaturgo, sin duda uno de los más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

Gordon Craig.

VIDA URBANA. La chica del Chupa Chups.

Me costó mucho tiempo olvidar el primer encuentro, la primera mirada furtiva que me ofreció sin complejos la chica del Chupa Chups. La escena se desarrolló en una heladería. Yo tenía mi cucurucho en la mano y entre grandes chupetones intentaba que la bola superior no terminara en el suelo. Una inocente criatura que no levantaba ni medio metro del suelo me miraba sin parpadear y entre dientes mascullaba algunas palabras. No alcanzaba a entender lo que quería decirme el pequeño hasta que su hermano mayor me sacó de dudas y me dijo que lo que me estaba intentando decir era que si no le daba un poco. No pude por más que soltar una gran carcajada y acariciar la cabecita del crío.

Mientras levantaba la cabeza y me disponía a abandonar la heladería, dejando atrás a los pequeños dilucidando que sabor de helado pedir y como convencer a sus padres de que les compraran el tamaño más grande, mi rostro se cruzó con el de ella. Sus ojos negros se clavaron en los míos, hacía tiempo que me observaban, no puedo asegurar cuanto, pero la firmeza con la que se mantenían enfrente de los míos y la valentía de su persuasivo gesto no podían significar otra cosa. Bajé la mirada unos segundos mientras avanzaba hacía la salida y cuando me encontraba frente a ella, a unos escasos centímetros de su cara, le ofrecí mis ojos y una inmensa sonrisa. Ella seguía mirándome sin reparo alguno, y la mínima distancia corporal que ahora nos separaba no le ofrecía ningún tipo de sonrojo. Me devolvió una sonrisa cálida y cariñosa al cruzarnos y cuando yo ya estaba en la calle, fuera de la heladería, no se volvió. Lo sé porque yo si lo hice.

Pasaron unos minutos eternos desde que salí de la heladería, haciéndome mil y una preguntas yo sólo para mis adentros sobre la misteriosa chiquilla que con tan sólo una mirada me había puesto en alerta en unos segundos, mientras el helado empezaba ya a chorrear por mis manos, la bocina de un coche oscuro me sobresaltó y me hizo volver a la vida real al instante, estaba cruzando la calle sin mirar fuera de ningún paso de peatones. La carcajada de mis amigos fue unánime y estruendosa.

Yo y mis colegas nos dirigíamos hacia una playa con un nombre muy andaluz, pero que he olvidado por completo. Los Planetas, los inmortales trovadores granadinos, nos iban a deleitar con uno de su inolvidables conciertos. Más grupos de la escena del pop independiente español formaban parte del cartel para aquella noche, pero a nosotros los que nos interesaban de verás eran Jota y su banda.

Los Planetas empezaban a calentar motores y Jota dirigía algunas palabras de agradecimiento a un público enfervorizado y entregado que había realizado muchos kilómetros para verlos en directo, pero yo todavía tenía la cabeza en otro sitio: la inquietante mirada de unos ojos negros que me fulminaron en unos segundos. Cuando sucede algo así hay que reaccionar al instante y coger la indirecta al vuelo. Así de fácil y de complicada a la vez es la solución. Aún con esas, todavía esperaba encontrarme con ella entre la muchedumbre de jóvenes que me rodeaba.

El destino quiso que hubiera una segunda oportunidad y ella apareció cuando “La caja del Diablo” nos estaba llevando hacia el éxtasis. Se acercó a mi, sigilosa y cauta y cuando estuvo bien cerca me volvió a mirar a los ojos y me susurró al oido hola. No hubo contestación. La besé con fuerza, como queriéndome desquitar del desliz anterior en la heladería. Mi lengua invadió el territorio de la suya y la saliva de ambos se convirtió en un lubricante mágico común. No se cuanto tiempo nos estuvimos besando, pero en un momento dado ella separó sus labios de los míos, me cogió de la mano y me llevó hacia la arena, hacia la orilla del mar. El runrún eterno de las olas del Mediterráneo nos acompañó mientras ambos gozábamos el uno del otro. Ella cerró los ojos unos instantes interminables de placer mientras su respiración se aceleraba y me permitió unos segundos de descanso, de satisfacción, y por primara vez fui consciente de que ella era real. Permanecimos abrazados hasta el amanecer, su cabecita apoyada en mi pecho y nuestros brazos entrelazados sobre su regazo.

Nunca olvidaré sus ojos, ni su mirada, ni su forma de besar. Tampoco aquel gracioso Chupa Chups verde fluorescente en miniatura que colgaba de su cuello a modo de amuleto. No puedo asegurar si en la heladería lo llevaba, supongo que si, porque quedé eclipsado por sus dos pupilas ardientes y el mundo se redujo a esas dos carbones incandescentes que no parpadeaban.

No hubo intercambio de teléfonos, ni tan siquiera un beso de despedida.

Adiós chica Chupa Chups. Hasta siempre.

viernes, febrero 02, 2007

TEATRO. EL RINCÓN DE GORDON CRAIG. Las visitas deberían estar prohibidas por el código penal. "El humor inofensivo, tierno y absurdo de Mihura".

Espectáculo sobre textos de Miguel Mihura.
Dramaturgia: Ignacio del Moral y Ernesto Caballero.
Con: Natalia Hernández, Susana Hernández, María Jesús Llorente, David Lorente, Juan A. Lumbreras, Jorge Martín, Nerea Moreno, Carles Moreu, Rosa Savoini, Nathalie Seseña, Juan Carlos Talavera y Pepe Viyuela.
Dirección: Ernesto Caballero.
Madrid. Teatro María Guerrero. 23 de enero de 2007

Cual nuevo rey Midas de la escena, Ernesto Caballero parece tener el don de convertir en teatro todo lo que toca. Y esta vez le ha tocado el turno a Miguel Mihura, que a buen seguro estará dando saltos de alegría allá donde esté, al ver como sus criaturas han tomado de nuevo la escena, con todos los honores, y bajo el todopoderoso patrocinio del mismísimo Centro Dramático Nacional. Y aunque un olvido de años no puede repararse con dos o tres montajes, como los de Pérez Puig y Mara Recatero (con ocasión de la conmemoración del centenario de la muerte del autor), y ahora este de Ernesto Caballero, al menos se repara un tanto el agravio y se facilita a los más jóvenes el acceso a la obra del que fuera uno de los más representativos dramaturgos españoles de posguerra.

Y si con respecto a los montajes de Tres sombreros de copa y Melocotón en almíbar, a los que he aludido arriba, podríamos tener alguna reserva, este que comentamos satisface por entero nuestras expectativas y nos revela el peculiar universo poético de Mihura, intuido apenas -por los profanos- a través de la lectura de sus textos. Un universo que muestra como ingredientes destacados su inconformismo y su beligerancia contra el provincianismo, contra el tópico y contra toda una serie de convenciones sociales como la hipocresía, la pedantería o la vulgaridad que atenazan al individuo y le impiden ser feliz; un universo, que incorpora, asimismo, las armas del autor para combatir tales convenciones: su asombrosa imaginación creadora, la ternura, el lirismo y sobre todo el humor, un humor limpio de intenciones, inofensivo, -como dijera el mismo Mihura-, basado en los diálogos carentes de lógica, en los juegos de palabras y en la asociación de situaciones inverosímiles y absurdas.

Y tal es, en efecto, el principio organizador del material dramático: una concatenación de situaciones delirantes, de escenas a cual más pintorescas, desquiciantes y divertidas, autónomas en apariencia, pero que vienen a ensamblarse magistralmente y a formar un todo coherente mediante el sencillo expediente de reunir a sus protagonistas en una improbable cita con su destino de personajes de ficción; una cita con el autor que habrá de sacarlos del limbo de la indefinición y proporcionarles una identidad. Y hay que aplaudir el espléndido trabajo de dramaturgia y de dirección, la lectura atenta de los textos y el profundo conocimiento de la carpintería teatral que posibilitan el feliz reencuentro con las criaturas de Mihura convertido en un convincente ejercicio pirandeliano que destila una honda reflexión metateatral.

El mérito, empero, de un espectáculo tan sugestivo y grácil -podríamos decir- hay que repartirlo por igual entre el resto de integrantes del equipo. Ikerme Jiménez responsable de un vestuario de época sencillo y funcional, José Luis Raimond que firma una escenografía minimalista y naif iluminada impecablemente por Gómez Cornejo para crear un espacio un tanto irreal, hasta onírico, a veces, pero a la vez sobrio, casi desnudo de elementos que pudieran entorpecer la libertad de movimientos de los actores y restar protagonismo a su presencia física. Ellos son por lo demás, los artífices en última instancia del milagro; enseñorean la escena ora asumiendo el protagonismo coyuntural de un esquetch, de un monólogo, de un número de baile, ora manteniéndose en segundo plano pero respondiendo a los estímulos que provienen del lugar en el que se desarrolla la acción principal. Permanentemente en acción, asumiendo con encomiable disciplina el rol correspondiente al tipo genérico que les ha caído en suerte: “Nuestra señora de los calditos”, una “finolis”, la “lírica”, la “moderna”, el “bombero”, etc., pero a su vez saliéndose de su papel para desdoblarse en otros personajes distintos hasta completar la abigarrada y multiforme fauna de figuras de ficción que poblaron la fecunda imaginación de nuestro dramaturgo. Es como si el teatro, la teatralidad en estado puro, brotara una y otra vez sobre el escenario en forma de diálogos deslumbrantes, frases ingeniosas, poses individuales o cuadros colectivos de una extraordinaria belleza plástica en un alarde permanente de sutileza que hace las delicias del respetable.

Gordon Craig.
24-I-2007.

martes, enero 30, 2007

COMUNICACIÓN. Sánchez Dragó y Ortega Lara.

Ayer Diario de la Noche, el informativo de medianoche de Telemadrid, estrenaba nuevo director y presentador: Fernando Sánchez Dragó. Tras muchos rumores y cotilleos se confirmó que este inclasificable narrador se hacia con las riendas de este telediario tras la marcha de Germán Yankee y el periodo de transición dirigido por un inspirado y cada vez más asentado Armando Huerta.



Sánchez Dragó prometió un informativo diferente y muy “personal”, pero ayer, tras la primera edición de esta nueva etapa no pudimos vislumbrar las muchas novedades que nos esperan, porque en ese primer programa el protagonista era otro: José Antonio Ortega Lara, funcionario de prisiones que fue secuestrado por ETA durante quinientos treinta y dos días.

Ortega Lara hasta la fecha no había accedido a dejarse entrevistar y tan sólo Isabel San Sebastián mantuvo una charla con él, para incluir su testimonio en el libro “Los años de plomo”, dónde por primera vez se describe como se trataba a las Víctimas del Terrorismo hasta la llegada de Aznar a la presidencia del Gobierno: funerales y ataúdes que salían por la puerta de atrás de las iglesias, Víctimas señaladas con el dedo como si fueran culpables de lo que les había sucedido, etc.

Sánchez Dragó realizó una entrevista a Ortega Lara de altura, muy bien documentada y en tono muy distendido lanzó una batería de preguntas al ex funcionario de prisiones que detalló con pelos y señales los pormenores de su cautiverio, su liberación por la Guardia Civil y como ha sido su vida durante estos once años que ya han pasado desde su regreso a la libertad. Sánchez Dragó mostró el lado más humano de Ortega Lara: su humildad, su valentía y entereza y nos desnudó al personaje, al icono, a aquella imagen de un ser humano demacrado, excesivamente delgado y pálido, y con esa extensa barba, que todos recordamos llegando del brazo de su mujer a su domicilio de Burgos.

Sánchez Dragó no cayó en sensacionalismos y no buscó en ningún momento el titular, la frase grandilocuente que llenara titulares de periódico la mañana siguiente. A mi humilde entender Ortega Lara quería decir más de lo que dijo en torno a la negociación con ETA que está llevando a cabo el Gobierno de ZP, pero Sánchez Dragó lo dejó meditar sus respuestas y medir sus palabras y no lo agobió con mil y una disquisiciones sobre el asunto, y Ortega Lara dijo lo suficiente: que un gobierno no puede rendirse ante el chantaje de una banda de asesinos y que no se tiene que sentar a negociar con ellos.

Bravo por Sánchez Dragó en su inauguración. Enhorabuena por la entrevista, por un lado por ofrecernos la primicia de Ortega Lara, y por otro por la lectura de la misma. Mucha suerte para su nuevo informativo.

Coda. Corren otros tiempos, y los protagonistas, los que sustentan el poder ejecutivo en la actualidad son otros, pero hoy urge recordar y homenajear a los que no se rindieron ante el chantaje de ETA en momentos muy complicados, aún con el secuestro de Ortega Lara y el asesinato de Miguel Ángel Blanco de por medio. Y a toda la ciudadanía que demostró su mayoría de edad y se dejó el miedo olvidado para siempre y salió a la calle para gritar basta ya. Entre todos, todos, teníamos a la banda de asesinos contra la pared y de rodillas. Pedían a gritos su certificado de defunción.

Pero, ¿después de tanto sufrimiento y dolor nos merecemos, todos los ciudadanos sin excepción, lo que está sucediendo hoy en día?