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jueves, junio 23, 2016
viernes, marzo 04, 2016
martes, noviembre 10, 2015
domingo, febrero 01, 2015
lunes, enero 05, 2015
miércoles, noviembre 05, 2014
MÚSICA. "The National y los subalternos", por Fernando Neira en El País.
"Bonita idea para el otoño la de pasar ocho horas de música a buen recaudo, como esas 9.000 personas que casi llenaban el Barclaycard Center este viernes. Pero el festival no fue en puridad tal cosa, sino un concierto (asombroso) de The National con una privilegiada retahíla de subalternos a modo de teloneros".
"Era estimulante advertir el gesto de excitación entre ese sector de la chavalería que quizás conociera mejor el repertorio de The Kooks que el de Trouble will find me. Pero escuchar el martilleo de Squalor Victoria o ese Vanderlyle crybaby geeks sin amplificación le cambia la perspectiva a cualquiera".
Leer aquí el artículo completo.
"Era estimulante advertir el gesto de excitación entre ese sector de la chavalería que quizás conociera mejor el repertorio de The Kooks que el de Trouble will find me. Pero escuchar el martilleo de Squalor Victoria o ese Vanderlyle crybaby geeks sin amplificación le cambia la perspectiva a cualquiera".
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miércoles, agosto 29, 2012
ARTE. Bea de las Heras. "El pleito".
Bea de las Heras. "El pleito". Medidas: 33x100cm. Madrid, 2012.
Ponte en contacto con Beatriz de las Heras.
Visita su blog: Diseño gráfico y más: + Ñ.
Etiquetas:
Arte,
Arte Contemporáneo,
Bea de las Heras,
Calle Gran Vía,
Madrid
martes, abril 19, 2011
lunes, abril 04, 2011
martes, junio 09, 2009
FOTOGRAFÍA. Tras un montón de años en el olvido, el Fondo fotográfico de Francisco Goñi ya lo podemos consultar todos a través de Internet.
.
Corría el año 1980, y Santiago Bernal, relojero de profesión, y gran amante de la fotografía, en una de sus múltiples visitas a la casa de su buen amigo Félix Ortego, localiza casi sin querer, en el desván de la casa de la calle Olmillos, un montón de placas fotográficas, esparcidas por el suelo y sin ninguna protección. Nuestro protagonista, Santiago, las recoge y las traslada a las instalaciones de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara. Santiago localiza en una de las placas una lápida que lleva esculpida la siguiente inscripción: “Familia Goñi”.

Tras un laborioso trabajo de investigación, Santiago Bernal, descubre la identidad hasta ahora desconocida del autor de las fotografías: Francisco Goñi y Soler. Francisco Goñi, era fotógrafo profesional y amigo personal del Rey Alfonso XIII, por lo que tuvo acceso, y por lo tanto pudo fotografiar escenas de la vida cotidiana del monarca y de algunos de sus viajes. Su labor como fotógrafo, colaborador habitual de las publicaciones del grupo Prensa Española, se desarrolló durante el primer tercio del siglo XX, primero en Madrid, y más tarde, sus últimos 18 años en Guadalajara, donde se traslada tras aprobar una oposición de funcionario de la administración. Francisco Goñi muere fusilado a comienzos de 1936 por su conocida militancia monárquica.

Sus fotografías, rescatadas del olvido y de una pero que muy probable desaparición, ahora, están accesibles para todos a un clic de ratón en Internet, tras ser digitalizadas y documentadas por un grupo de expertos que trabaja para el proyecto “los legados de la Tierra” de la Junta de Castilla La Mancha.

Las imágenes del Fondo Goñi están clasificadas en 14 grandes grupos: arquitectura civil, arquitectura religiosa, artes, deportes, milicia, oficios, política, realeza, religioso, retratos, toros, transportes, varios y vistas, lo que permite una visión de conjunto bastante certera a primera vista. Además el portal permite la búsqueda por texto libro mediante un cuadro de diálogo bastante simple tipo “google”.

Sin perder ni un minuto más os invito a daros un paseo por esta colección de fotografías que son una verdadera joya, y que gracias a la labor desinteresada de unas buenas personas ha llegado hasta nuestros días en buen estado.
Fondo Francisco Goñi.
Agrupacion Fotográfica de Guadalajara.
Corría el año 1980, y Santiago Bernal, relojero de profesión, y gran amante de la fotografía, en una de sus múltiples visitas a la casa de su buen amigo Félix Ortego, localiza casi sin querer, en el desván de la casa de la calle Olmillos, un montón de placas fotográficas, esparcidas por el suelo y sin ninguna protección. Nuestro protagonista, Santiago, las recoge y las traslada a las instalaciones de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara. Santiago localiza en una de las placas una lápida que lleva esculpida la siguiente inscripción: “Familia Goñi”.

Tras un laborioso trabajo de investigación, Santiago Bernal, descubre la identidad hasta ahora desconocida del autor de las fotografías: Francisco Goñi y Soler. Francisco Goñi, era fotógrafo profesional y amigo personal del Rey Alfonso XIII, por lo que tuvo acceso, y por lo tanto pudo fotografiar escenas de la vida cotidiana del monarca y de algunos de sus viajes. Su labor como fotógrafo, colaborador habitual de las publicaciones del grupo Prensa Española, se desarrolló durante el primer tercio del siglo XX, primero en Madrid, y más tarde, sus últimos 18 años en Guadalajara, donde se traslada tras aprobar una oposición de funcionario de la administración. Francisco Goñi muere fusilado a comienzos de 1936 por su conocida militancia monárquica.

Sus fotografías, rescatadas del olvido y de una pero que muy probable desaparición, ahora, están accesibles para todos a un clic de ratón en Internet, tras ser digitalizadas y documentadas por un grupo de expertos que trabaja para el proyecto “los legados de la Tierra” de la Junta de Castilla La Mancha.

Las imágenes del Fondo Goñi están clasificadas en 14 grandes grupos: arquitectura civil, arquitectura religiosa, artes, deportes, milicia, oficios, política, realeza, religioso, retratos, toros, transportes, varios y vistas, lo que permite una visión de conjunto bastante certera a primera vista. Además el portal permite la búsqueda por texto libro mediante un cuadro de diálogo bastante simple tipo “google”.

Sin perder ni un minuto más os invito a daros un paseo por esta colección de fotografías que son una verdadera joya, y que gracias a la labor desinteresada de unas buenas personas ha llegado hasta nuestros días en buen estado.
Fondo Francisco Goñi.
Agrupacion Fotográfica de Guadalajara.
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domingo, febrero 04, 2007
TEATRO. EL RINCÓN DE GORDON CRAIG. ¿Dónde estás, Ulalume, dónde estás?. "Náufrago en un mar de ginebra y de tristeza".
De Alfonso Sastre.
Con: Chete Lera, Zutoia Alarcia, Camilo Rodríguez.
Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente.
Madrid. Teatro Auditorio Adolfo Marsillach.
El título de la obra que comentamos rememora uno de los más bellos poemas elegiacos compuestos por Poe en memoria de su jovencísima mujer, Virginia, que la tuberculosis le arrebató con apenas 23 años, y cuya pérdida dejó una profunda herida en el alma del poeta. En sí mismo el poema constituye una fatídica premonición del abandono, la profunda tristeza y la desesperación que debieron colmar los últimas y penosas horas de vida de este desdichado escritor.
Como en otras ocasiones (Kant, Miguel Servet) la biografía funciona como referente de la ficción teatral cuyo intenso dramatismo emana en este caso de la concentración temporal. Mediante una hábil mezcla de acontecimientos del presente con recuerdos y con alucinaciones, toda una vida de luces y sombras se hace patente ante nuestros ojos en unos pocos días, el lapso de tiempo que va desde la madrugada del 27 de septiembre de 1849 en que Poe coge el barco cerca de Richmond, Virginia, hasta que lo encuentran en estado calamitoso en las calles de Baltimore, su traslado al hospital Washinton College, su muerte, y su entierro en la más absoluta soledad el 8 de octubre por la mañana. Las horas marcan de manera inapelable este peregrinaje fatídico por calles y tabernas hasta su encuentro último y definitivo con sus recuerdos y con el alcohol que le llevará al deilirium tremens y a la muerte.
La obra se estructura siguiendo un orden lineal en un total de XXI actos breves, que corresponden a otras tantos encuentros de Eddy con sucesivos personajes: Elmira, su novia de juventud que le despide en Richmond, Billy, el empleado de la consigna en la estación, el cantinero, Barbarroja -el marino borracho de la taberna del “Ciprés Rojo”-, el mendigo, Jimmy, que luego resulta se un enfermo escapado de un frenopático, etc. Y a lo largo de esos fugaces encuentros, a la vez que hace avanzar la acción dramática, Sastre se las ingenia para ir aportando datos biográficos de Poe, en la medida justa para que podamos reconstruir aquellos episodios de su vida pasada que son absolutamente necesarios para comprender su situación actual.
Pérez de la Fuente ha sabido entender el intenso dramatismo que la historia encierra, así como la atmósfera de misterio y pesadilla, mezcla inextricable de realidad y alucinación, que envuelve a los personajes y traducirlo a imágenes vívidas de fuerte carga expresionista que se resuelven, a veces, en un ceremonial sacro o demoníaco: el amanecer brumoso en los muelles, el ritual de la bebida y el aire viciado de las tabernas, la cháchara estúpida de los candidatos, el torbellino de la fiesta electoral o el frío glacial de la morgue. Obviamente nada de esta decrepitud, nada de esta desgarradora soledad, nada de ese infinito desamparo se podría transmitir sin el concurso de una espléndida labor de los actores. Zutoia Alarcia y Camilo Rodríguez, que se desdoblan, con varia fortuna, en una multiplicidad de personajes ocasionales, pero sobre todo el protagonista, Chete Lera, en una antológica recreación de un Poe crepuscular y maltrecho que se enfrenta, con las menguadas armas de una débil voluntad y un último resto de dignidad, al designio trágico de una existencia de penalidades sin cuento. El personaje incorpora muchos de los rasgos de la fisonomía del escritor que han recogido sus biógrafos: un aspecto atildado con una larga y sedosa cabellera; su continente apuesto, su palidez, su profunda mirada inquisitiva y su hablar lento y pausado que contrasta con la jerga popular y el hablar atropellado del resto de los personajes. Modula, asimismo, magistralmente, los cambiantes estados de ánimo del personaje, sus escasos momentos esperanzados, los instantes en los que le embarga la emoción de un recuerdo agradable, o aquellos otros en los que le atenaza el dolor físico, en los que le reclaman sus personajes literarios o en los que le torturan sus visiones del horror.
Excepción hecha del montaje de EOLO Teatro, en la temporada 94/95, cuatro años después de ser escrita la obra, y al parecer, en un dominio geográfico muy restringido del País Vasco, esta obra de Sastre no había subido a las tablas, por lo que el de anoche puede considerarse casi un estreno absoluto y, de nuevo, en un teatro de la periferia de Madrid, sin el respaldo institucional que se merece un autor de tan altas cualidades estéticas y de tan insobornable actitud ética. Una ocasión perdida, de nuevo, para mostrar el reconocimiento debido a la destacada trayectoria de nuestro eximio dramaturgo, sin duda uno de los más destacados de la segunda mitad del siglo XX.
Gordon Craig.
Con: Chete Lera, Zutoia Alarcia, Camilo Rodríguez.
Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente.
Madrid. Teatro Auditorio Adolfo Marsillach.
El título de la obra que comentamos rememora uno de los más bellos poemas elegiacos compuestos por Poe en memoria de su jovencísima mujer, Virginia, que la tuberculosis le arrebató con apenas 23 años, y cuya pérdida dejó una profunda herida en el alma del poeta. En sí mismo el poema constituye una fatídica premonición del abandono, la profunda tristeza y la desesperación que debieron colmar los últimas y penosas horas de vida de este desdichado escritor.Como en otras ocasiones (Kant, Miguel Servet) la biografía funciona como referente de la ficción teatral cuyo intenso dramatismo emana en este caso de la concentración temporal. Mediante una hábil mezcla de acontecimientos del presente con recuerdos y con alucinaciones, toda una vida de luces y sombras se hace patente ante nuestros ojos en unos pocos días, el lapso de tiempo que va desde la madrugada del 27 de septiembre de 1849 en que Poe coge el barco cerca de Richmond, Virginia, hasta que lo encuentran en estado calamitoso en las calles de Baltimore, su traslado al hospital Washinton College, su muerte, y su entierro en la más absoluta soledad el 8 de octubre por la mañana. Las horas marcan de manera inapelable este peregrinaje fatídico por calles y tabernas hasta su encuentro último y definitivo con sus recuerdos y con el alcohol que le llevará al deilirium tremens y a la muerte.
La obra se estructura siguiendo un orden lineal en un total de XXI actos breves, que corresponden a otras tantos encuentros de Eddy con sucesivos personajes: Elmira, su novia de juventud que le despide en Richmond, Billy, el empleado de la consigna en la estación, el cantinero, Barbarroja -el marino borracho de la taberna del “Ciprés Rojo”-, el mendigo, Jimmy, que luego resulta se un enfermo escapado de un frenopático, etc. Y a lo largo de esos fugaces encuentros, a la vez que hace avanzar la acción dramática, Sastre se las ingenia para ir aportando datos biográficos de Poe, en la medida justa para que podamos reconstruir aquellos episodios de su vida pasada que son absolutamente necesarios para comprender su situación actual.
Pérez de la Fuente ha sabido entender el intenso dramatismo que la historia encierra, así como la atmósfera de misterio y pesadilla, mezcla inextricable de realidad y alucinación, que envuelve a los personajes y traducirlo a imágenes vívidas de fuerte carga expresionista que se resuelven, a veces, en un ceremonial sacro o demoníaco: el amanecer brumoso en los muelles, el ritual de la bebida y el aire viciado de las tabernas, la cháchara estúpida de los candidatos, el torbellino de la fiesta electoral o el frío glacial de la morgue. Obviamente nada de esta decrepitud, nada de esta desgarradora soledad, nada de ese infinito desamparo se podría transmitir sin el concurso de una espléndida labor de los actores. Zutoia Alarcia y Camilo Rodríguez, que se desdoblan, con varia fortuna, en una multiplicidad de personajes ocasionales, pero sobre todo el protagonista, Chete Lera, en una antológica recreación de un Poe crepuscular y maltrecho que se enfrenta, con las menguadas armas de una débil voluntad y un último resto de dignidad, al designio trágico de una existencia de penalidades sin cuento. El personaje incorpora muchos de los rasgos de la fisonomía del escritor que han recogido sus biógrafos: un aspecto atildado con una larga y sedosa cabellera; su continente apuesto, su palidez, su profunda mirada inquisitiva y su hablar lento y pausado que contrasta con la jerga popular y el hablar atropellado del resto de los personajes. Modula, asimismo, magistralmente, los cambiantes estados de ánimo del personaje, sus escasos momentos esperanzados, los instantes en los que le embarga la emoción de un recuerdo agradable, o aquellos otros en los que le atenaza el dolor físico, en los que le reclaman sus personajes literarios o en los que le torturan sus visiones del horror.
Excepción hecha del montaje de EOLO Teatro, en la temporada 94/95, cuatro años después de ser escrita la obra, y al parecer, en un dominio geográfico muy restringido del País Vasco, esta obra de Sastre no había subido a las tablas, por lo que el de anoche puede considerarse casi un estreno absoluto y, de nuevo, en un teatro de la periferia de Madrid, sin el respaldo institucional que se merece un autor de tan altas cualidades estéticas y de tan insobornable actitud ética. Una ocasión perdida, de nuevo, para mostrar el reconocimiento debido a la destacada trayectoria de nuestro eximio dramaturgo, sin duda uno de los más destacados de la segunda mitad del siglo XX.
Gordon Craig.
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