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lunes, noviembre 02, 2009

TEATRO. "¿Estás ahi?". Pintoresco vodevil.

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De Javier Daulte.
Con: Paco León y Mari Paz Sayago.
Dirección: Javier Daulte.
Madrid, Teatro Lara 28 de octubre de 2009.




En este espectáculo Javier Dualte “echa -como suele decirse-, por la calle de en medio” optando decididamente por un guión de corte vodevilesco hecho a medida de su protagonista, Paco León y de su innegable vis cómica, sin arredrarse lo más mínimo ante una trama disparatada y exageradamente inverosímil. De hecho, el trasfondo temático de la obra (las conflictivas relaciones de Ana y Fran, una de tantas parejas de esta sociedad nuestra desquiciada e histérica cuyos vínculos afectivos sucumben al hedonismo rampante y a la falta de compromiso), queda completamente en un segundo plano, convertido en un mero telón de fondo sobre el que se proyecta el verdadero -y pintoresco- conflicto: cómo se las ingenian los protagonistas para convivir con el nuevo ser que se ha cruzado en su camino y que vendrá a ser el causante de todas sus desdichas.

Dejando aparte el espectro del padre de Hamlet, o el no menos conocido fantasma del Comendador de Don Juan Tenorio, que ahora se celebra ad nauseam por todos los rincones de nuestra comunidad, uno no puede por menos que recordar egregios antecedentes de este personaje invisible en el universo cinematográfico, como el simpático Cásper u otros a quienes han puesto cara, por ejemplo, Brad Pitt (el aniñado e implacable Joe de ¿conoces a Joe Black?) o el recientemente desaparecido Patrick Swayze (el enternecedor Sam de la inolvidable Ghost). La novedad que representa Claudio, que así es como se llama esta especie de ectoplasma que trae de cabeza a nuestra pareja es que no puede ser visto sino a través de la mirada estrábica de Fran y sólo ocasionalmente, y tras denodados esfuerzos, muecas y visages, que se convierten en una fuente recurrente y un tanto infantiloide de comicidad.

No creo, como me ha parecido leer en algún lugar, que el estar hablando en escena sus buenos veinte o veinticinco minutos con un personaje invisible constituya por si sólo un mérito destacable, aunque no puede negarse que alguna dificultad encierra, dificultad de la que sale airoso un Paco León lleno de energía y de recursos. Pero más allá de esa extravagancia, la obra de Javier Dualte no tiene mucho que contarnos, y uno comprueba con una cierta decepción que la acción, que se dilata artificialmente en naderías y tópicos, se estanca pasados los primeros diez minutos y no recupera el pulso hasta la entrada en escena de Ana (Mari Paz Sayago), cuya historia, por cierto, no es menos inverosímil y rocambolesca.

Desde luego, no hay en esta obra nada del cuidado exquisito con el que se urdían las anécdotas mínimas de la historia familiar en Nunca estuviste tan adorable, de la que aún guardamos un grato recuerdo. Ni esa mirada entre cándida y nostálgica al tiempo pasado, ni la recreación minuciosa de su entrañable paisaje emocional. El espectáculo, empero, se sostiene gracias al ímprobo trabajo de los protagonistas que se dejan la piel sobre el escenario y que nos regalan algunas escenas realmente hilarantes que, todo hay que decirlo, el público asistente celebró alborozado.

Gordon Craig.

viernes, junio 27, 2008

TEATRO. EL RINCON DE GORDON GRAIG. Nunca estuviste tan adorable. "La imposible reconstrucción del pasado".

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Texto y dirección: Javier Daulte.
Con: Anabel Alonso, Rubén Ametllé, Albert Ausellé, Lurdes Barba, Francesc Lucchetti, Carme Poll y Mireia Sanmartín
Madrid. Teatro Valle-Inclán. 1 de junio de 2008.



Escribe Javier Daulte en el programa de mano que nos facilitan a la entrada que la obra cuenta la historia de la familia de su madre. Autobiográfica o no, eso es lo que menos importa, porque, a fin de cuentas, ¿qué obra literaria o teatral no exhibe más o menos pudorosamente alguna herida sin cicatrizar, fruto de las innumerables escaramuzas que el autor -al igual que el común de los mortales-, libra día a día consigo mismo o con quienes le rodean para combatir aquello que coarta su libertad, que entorpece la realización de sus sueños, o que, simplemente, le hace un poco más infeliz? Aquí el dramaturgo exhibe claramente la herida del tiempo: el fracaso en el empeño de la reconstrucción de lo imposible.

La sucesión de escenas que articulan Nunca estuviste tan adorable parecen haber sido rescatadas caprichosamente por la memoria de un anecdotario interminable, pero tal selección obedece a un criterio definido: la pieza recrea, ante todo, un paisaje emocional: la evocación de un tiempo feliz, de los asombros e inocencia de la infancia, de la madre, (sobre todo de la madre), de las lecturas y los juegos de la juventud, de la amistad o de la tibia y problemática iniciación erótica. Y en su aparente insignificancia y cotidianeidad todos y cada uno de esos recuerdos están aureolados de una atmósfera de intenso lirismo y tienen la marca indeleble de lo imperecedero.

Escenografía y vestuario de pulcra factura y definitivo aire retro, incluida la ambientación musical “sesentera”, coadyuvan eficazmente a ubicarnos en el pasado en el que la acción se desarrolla y a mostrarnos un mundo caduco sobre el que se extiende, empero, un velo de indulgencia a través de la nostalgia de la mirada.

Y en el fondo parece como si se añorase ese núcleo familiar sui géneris, con su vida plácida y sin sobresaltos, con sus recelos ante cualquier incidencia que amenazase el precario equilibrio sentimental, con el padre abnegado y ausente, con la madre obsesiva y neurótica, halagada por sus “admiradores”, preocupada por las manchas de la moqueta o por el lugar exacto que ocupa el cenicero sobre la mesita del cuarto de estar mientras el mundo se transforma o se derrumba a su alrededor sin que acierte a darse cuenta hasta que ya es demasiado tarde.

El trabajo de dirección es espléndido. Javier Daulte maneja los tiempos con soltura dosificando adecuadamente los climax y anticlímax y convirtiendo el montaje en una auténtica caja de sorpresas, con escenas chuscas, disparatadas y algunas que son verdaderamente antológicas, como la de la primera visita a la casa familiar del pretendiente de Noe, o el sorprendente y glamouroso final, propio de una superproducción de Hollywood, que atestigua el valor de la fantasía como antídoto contra la pérdida. El trabajo de actuación es asimismo impecable, dentro de una muy buena tónica general, destaca quizá la versatilidad de Anabel Alonso, que dentro de su línea habitual hace una sólida creación en el papel de Blanca; o el de Lourdes Barba en el de Marta, esforzándose por conservar sus lazos afectivos y su dignidad mientras lucha contra los estragos del tiempo.

Gordon Craig.
4-VI-08

CDN. Nunca estuviste tan adorable.