jueves, junio 16, 2016

TEATRO. El laberinto mágico. "Contra el olvido y la desmemoria".


De Max AubVersión de José Ramón Fernández.
Con: Chema Adeva, Javier Carramiñana, Paco Celdrán, Bruno Ciordia, Paco Deniz, Ione Irazábal, Borja Luna, Paco Ochoa, Paloma de Pablo, Marisol Rolandi, Macarena Sanz, Alfonso Torregrosa, Mikele Urroz, María José del Valle y Pepa Zaragoza.
Músicos: Paco Casas y Javier Coble.
Escenografía y vestuario: Mónica Boromello.
Dirección: Ernesto Caballero.
Madrid. Teatro Valle-Inclán. 

            
Este ambicioso proyecto dramatúrgico de Ernesto Caballero se corresponde con un no menos vasto empeño narrativo llevado adelante por Max Aub durante sus años de exilio mexicano consistente en novelar -nada menos que en seis largos volúmenes- el que sin duda ha sido uno de los periodos más dramáticos de la historia de España, el de la Guerra Civil (1936-1939). De este copioso material narrativo surgido de la experiencia personal y política del autor durante el conflicto, el director del espectáculo y el responsable de la versión, el dramaturgo José Ramón Fernández, han extraído un variado muestrario de personajes y episodios significativos que en su conjunto configuran un dibujo (un “mapa” diría Mayorga) ilustrativo de la realidad de lo acontecido en aquellos días aciagos, revelador, en todo caso, del profundo drama humano, de fractura de la convivencia, de destrucción, de sufrimiento y de muerte que todas las guerras esconden tras el atronador sonido de los himnos, tras el fulgor de los disparos y tras el cegador espejismo de las ideologías.

“Creo que no tengo derecho, todavía, a callar lo que vi para escribir lo que imagino” había consignado Max Aub en su prólogo a El rapto de Europa; y esta reflexión de fondo esconde no sólo un dilema de orden moral sino estético del que toda novela y todo teatro históricos no pueden zafarse fácilmente. Sobre el historiador, que lo era, sobre las fechas, los nombres y los datos objetivos, prevalece en El laberinto mágico el Max Aub escritor que trata de universalizar su mensaje Nos encontramos una mezcla de caracteres reales y ficticios -al modo de Galdós en sus Episodios Nacionales-, por regla general ciudadanos anónimos con los que Aub compartió penalidades y esperanzas; personajes del común, que junto a sus dudas, su confusión, su impericia, incluso su torpeza, se mueven en la adversidad impulsados por un impreciso sentimiento del deber y de la justicia que les lleva a comportamientos heroicos y que representan, como colectivo, esa reserva de humanidad en la que Max Aub cifraba pese a todo su visión esperanzada y optimista de la vida.

            El montaje de Ernesto Caballero, refuerza, si cabe, con el poder sugeridor de las imágenes y de la música la dimensión poética -“mágica”- del relato maxaubiano proporcionándonos estampas de gran belleza plástica, algunas de alto valor simbólico como la que abre el espectáculo, evocación del “toro  embolado” de Campo Cerrado (primera de las novelas de la serie), otras de tono más jocoso y castizo, como la del chusco batallón de peluqueros (los “fígaros”) prestos a partir para el frente de la Casa de Campo; otras, de intenso dramatismo, como la de la encerrona de los guardias civiles a un destacamento de milicianos, la del fusilamiento o la desoladora escena final en la que los últimos soldados leales a la república mezclados entre los refugiados civiles se agolpan en los muelles del puerto de Alicante esperando inútilmente la llegada del barco que les permitirá salir de España y escapar a la saña de las tropas franquistas. Estampas que tienen como escenarios principales a Barcelona, con sus organizaciones anarquistas y su vida nocturna, el frente de Teruel y Madrid, sobre todo Madrid, con sus intrigas políticas y su resistencia heroica.

            Un numeroso elenco de primeros espadas da vida con solvencia y entusiasmo a una turbamulta de personajes algunos episódicos, otros de mayor enjundia, alternado escenas corales con otras más íntimas, capitaneados, si puede decirse así por el médico poeta Julián Templado (inmenso Chema Adeva), trasunto del escritor y vagamente emparentado con el Max Estrella valleinclanesco de Luces de bohemia, presente en casi todas las escenas como una suerte de conciencia crítica que va valorando los episodios rememorados sobre los que proyecta una mirada  entre nostálgica e irónica y que sirve para darle cohesión y continuidad a las diversas escenas. Efectivos en su sobriedad y versátiles para sugerir los muy diferentes ambientes en los que se desarrolla la acción son la puesta en escena y el vestuario de Mónica Boromello y atinada, como queda dicho, es la ambientación musical Paco Casas y Javier Coble, que versiona canciones del frente, marchas militares o tonadas populares que los defensores de Madrid cantaban en las barricadas. Por no hablar de los efectos especiales, fragor de los combates o descargas de fusilería. En general un buen trabajo del equipo artístico en su conjunto que el público en su mayoría valoró con su aplauso. A fuer de sincero, sin embargo, por lo que a mí se refiere, he de consignar, que el espectáculo no logró concitar ni la atención ni el grado de complicidad necesaria, salvo en ocasiones concretas, para hacer del mismo una experiencia enriquecedora.

Gordon Craig.


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