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sábado, octubre 01, 2005

Lost in translation. Pase 2.

Es la segunda vez que veo “Lost in Traslation”. La primera vez fue en una sala de un multicine comercial de Madrid, en una sesión nocturna y con cuatro o cinco acompañantes. Esta segunda ha sido en el rincón de mi salón, en mi sillón y solo. Segundas veces nunca fueron buenas, dice el sabio refranero castellano. Esta vez el encuentro con Bill y Scarllet ha sido más intenso que aquella primera vez, ya casi olvidada.




Sofia Coppola nos ofrece una historia enternecedora, intimista, sensible, cruda, real como la vida misma. Después de la hora y media de metraje hay algo más en la cinta que una secuencia de fotogramas. Bill y Scarlett te conmueven, te hacen sentir algo, alteran tu materia gris, te hacen sonreir, te sobrecogen... Sofia empieza a subir al Olimpo de los grandes creadores.
Mil y una escenas se apelotonan en mi cabeza, todas quieren dejar constancia de su existencia en estas cuatro líneas. No borraré de mi memoria algunas por nunca jamás: Bill en el gimnasio del hotel pidiendo socorro, o Bill y Scarlett en el piso de los amigos de ella con el karaoke, o la primera sesión del rodaje del anuncio del whisky japonés, o cuando Scarlett y su marido se encuentran a la actriz rubia empalagosa en el hotel, o cuando Bill llega a la habitación de Scarlett con una camiseta fashion, digna de un indie piojoso, y ante la mofa de Scarlett, se la pone del revés y le dice a ella que le corte la etiqueta. Tampoco puedo olvidar esas sobrecogedoras panorámicas de Tokio desde las ventanas de las habitaciones del hotel, la inmensidad de la ciudad, ante la soledad y la pequeñez de la persona. Basta, volved a ver la película.
Pero, joder, no puedo dejar en el olvido, la escena final. Eterna. Murray hace parar al taxista porque ve a la Johansson de espaldas andando por una acera de Tokio abarrotada de japoneses. Bill se baja del vehículo, Scarlett de espaldas, una melena color almendra al viento rodeada de frenéticos nipones. ¿Será ella? Bill llama a Scarlett. Ella se vuelve. Es la Johansson, tú corazón da un vuelco. Cruce de miradas. Se abrazan. Scarlett no puede contener las lágrimas. Bill la abraza fuerte, la consuela, le susurra que no llore, que va a estropear su sonrisa. Se besan. Murray besa la mejilla de Scarlett. Se separan. Cruce de miradas. El adiós. Una vez más la huida. ¿Por qué?
¿Por qué hacemos tan complicada la jodida vida?