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miércoles, noviembre 23, 2005

CINE. Flores rotas – broken flowers. “Corazones rotos – broken hearts”.

Jim Jarmusch convenció a Bill Murray para que interpretara su película “Flores rotas”, y sin el genial Murray “Broken flowers” habría sido otra cosa. Bill sólo pidió a Jim, que el lugar del rodaje estuviera a 10 minutos de su casa. Jarmusch accedió y acertó de pleno.
Don Johnston, Bill Murray, es un vivales, un tipo con suerte con las mujeres, ha tenido decenas de novias y amantes pero se resiste a sentar la cabeza porque le va de puta madre y no entra dentro de sus planes cambiar ahora. En la primera escena Sherry, su última conquista lo abandona porque no tiene claro que hace con él y que quiere hacer en la vida, pero que lo que sea lo quiere buscar ella sola.

De repente, aparece una carta rosa, escrita a máquina y con letra rosa, un maldito sobre color rosa que trae unas noticias al bueno de Don que le van a trastocar su filosofía de la vida para siempre. La carta viene a decir que una de sus exnovias se quedó embarazada antes de dejarlo con Don, y que ella decide tener el hijo con todas las consecuencias. Pero ese niño ahora tiene 19 años, está decidido a conocer a su padre y ya lo está buscando. La carta no viene firmada, está escrita a máquina y el matasellos se ha borrado por el traqueteo del sobre por las estafetas de Correos por las que ha pasado.

Winston, el vecino de Don le prepara el viaje para la busca y captura de su exnovia. Winston sólo le pide que vaya elegante y con un ramo de rosas rosas. Empieza la fiesta querido amigos. Una bata rosa, una tarjeta rosa, una máquina rosa, una Harley rosa, una lacito rosa, una carta rosa con tinta rosa... Maldito rosa, pobre Don.

Gracias Jim por esta gran película, gracias por hacernos partícipes de la magia que con tu cámara puedes plasmar en celuloide y mostrarnos a todos. Inolvidable Murray, altivo, seductor, pasota; camaleónico, enorme, único. Bill, todavía te recuerdo en Lost in Traslation. Tampoco he olvidado a Scarlett Johansson, pero eso es otra historia. Acercaros a una sala oscura y dejaros llevar. Disfrutad, paladear cada plano, cada tempo de secuencia medido cronométricamente, cada gesto del imperturbable Bill Murray. Esto es cine con mayúsculas. Ya me contaréis.

sábado, octubre 01, 2005

Lost in translation. Pase 2.

Es la segunda vez que veo “Lost in Traslation”. La primera vez fue en una sala de un multicine comercial de Madrid, en una sesión nocturna y con cuatro o cinco acompañantes. Esta segunda ha sido en el rincón de mi salón, en mi sillón y solo. Segundas veces nunca fueron buenas, dice el sabio refranero castellano. Esta vez el encuentro con Bill y Scarllet ha sido más intenso que aquella primera vez, ya casi olvidada.




Sofia Coppola nos ofrece una historia enternecedora, intimista, sensible, cruda, real como la vida misma. Después de la hora y media de metraje hay algo más en la cinta que una secuencia de fotogramas. Bill y Scarlett te conmueven, te hacen sentir algo, alteran tu materia gris, te hacen sonreir, te sobrecogen... Sofia empieza a subir al Olimpo de los grandes creadores.
Mil y una escenas se apelotonan en mi cabeza, todas quieren dejar constancia de su existencia en estas cuatro líneas. No borraré de mi memoria algunas por nunca jamás: Bill en el gimnasio del hotel pidiendo socorro, o Bill y Scarlett en el piso de los amigos de ella con el karaoke, o la primera sesión del rodaje del anuncio del whisky japonés, o cuando Scarlett y su marido se encuentran a la actriz rubia empalagosa en el hotel, o cuando Bill llega a la habitación de Scarlett con una camiseta fashion, digna de un indie piojoso, y ante la mofa de Scarlett, se la pone del revés y le dice a ella que le corte la etiqueta. Tampoco puedo olvidar esas sobrecogedoras panorámicas de Tokio desde las ventanas de las habitaciones del hotel, la inmensidad de la ciudad, ante la soledad y la pequeñez de la persona. Basta, volved a ver la película.
Pero, joder, no puedo dejar en el olvido, la escena final. Eterna. Murray hace parar al taxista porque ve a la Johansson de espaldas andando por una acera de Tokio abarrotada de japoneses. Bill se baja del vehículo, Scarlett de espaldas, una melena color almendra al viento rodeada de frenéticos nipones. ¿Será ella? Bill llama a Scarlett. Ella se vuelve. Es la Johansson, tú corazón da un vuelco. Cruce de miradas. Se abrazan. Scarlett no puede contener las lágrimas. Bill la abraza fuerte, la consuela, le susurra que no llore, que va a estropear su sonrisa. Se besan. Murray besa la mejilla de Scarlett. Se separan. Cruce de miradas. El adiós. Una vez más la huida. ¿Por qué?
¿Por qué hacemos tan complicada la jodida vida?