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jueves, octubre 05, 2006

TEATRO. Portulanos. "España".

[Columna Portulanos de Ignacio García May, publicada en El Cultural el día 21 de septimenbre 2006]

Pero, ¿a qué viene tanto escándalo con Rubianes si lo que ha hecho es comportarse como un patriota? Porque no hay nada más intrínseca, más compulsiva, más inconfundiblemente español que abominar de la propia patria en voz alta y en toda circunstancia. Es lo que hacen a diario los ciudadanos, sea por el fútbol, por la política, por la historia, por cualquier cosa. Es un impulso presente en la literatura del XVII, en la del 98. Sánchez- Dragó se pasa la vida declarando que le revienta ser español y la derecha le ríe la gracia siempre. Incluso el propio gobierno difunde permanentemente esta idea, en su discurso, en sus acciones, en sus omisiones, con más retórica que Rubianes, pero no con menos énfasis. ¿Acaso hay alguien aquí que pueda presumir de no haber echado leña en ese fuego? ¡Si todo el discurso intelectual y político de los últimos treinta años ha ido dirigido a despotricar contra España, a avergonzarse de España, a negar España! Porque presumir de español, regocijarse de ser parte de una de las culturas más formidables de la historia, le sonaba y le suena aún a facha a la legión de ignaros y usurpadores que se autoadjudican, sin que nadie se lo pida, la misión de proteger la conciencia y la corrección ideológica. ¿Respeto al espectador? ¡Como si eso les importara! Mayor falta de respeto es que la televisión ¡pública! nos salga ahora reivindicando como Reina del Baile a la Nietísima del dictador que durante cuarenta años tuvo este país bajo su bota, en hora punta y pagada, como es costumbre, por todos los ciudadanos, sin que nadie, absolutamente nadie, haya dicho nada sobre eso. No nos engañemos: Rubianes, como la Pantoja, como los psicópatas que inundan a estas alturas los periódicos de esquelas enfermizas sobre la Guerra Civil, como tantas otras cosas de la actualidad, no es más que munición que nos arrojan para tener al pueblo encabronado mientras las cosas importantes pasan por delante nuestro sin que les prestemos atención. Brecht inventó lo del distanciamiento para prevenirnos contra este tipo de vilezas: está claro que fue inútil.

Ignacio GARCÍA MAY.

lunes, julio 03, 2006

VIDA RURAL. Fuego.

La causa fue un rayo. Un maldito rayo que cayó sobre un rastrojo recién segado. El fuego comenzó en unos minutos. Cuando mi padre y yo llegamos ya estaba allí una patrulla de la Guardia Civil. Los dos agentes eran los únicos que estaban intentando sofocar el fuego. En seguida nosotros pertrechados de una ramas de retama recién cortadas nos unimos a ellos. Al rato llegó un tractor y sin dudar se puso en marcha. Hacía falta realizar un cortafuegos, de ninguna manera el frente de fuego debía cruzar la cañada merina: al otro lado todavía quedaban varios parcelas sin cosechar: el trabajo y el dinero invertido en todo un año se podían reducir a cenizas en unos segundos.


Pasó una media hora cuando el primer equipo de retén de incendios llegó a la zona. Se trataba de una cuadrilla de seis personas a bordo de un Land Rover pertrechados de unas mochilas con agua y de unas palmetas de plástico. Ese era todo su material, a parte de unas “bombas” que asustaban más por su nombre que por su efectividad. Al poco empezaron a llegar más vecinos del pueblo, más tractores, un agente “medioambiental” y una motobomba con un depósito de 300 litros. Los bomberos llegaron casi tres cuartos de hora más tarde.

A las dos horas del comienzo del fuego, el incendio estaba controlado. Ya había tres coches de bomberos, dos retenes, dos motobombas y muchos vecinos. Al principio entre cuatro personas casi pudimos controlar el incendio pero un repentino cambio de aire convirtió en baldíos nuestros esfuerzos. Con más medios pero con una desorganización pasmosa el fuego se hizo fuerte en unos minutos.

El fuego es muy traicionero y difícil de controlar, pero ayer se puso de manifiesto una vez más que no estamos preparados para sofocarlo con garantías y de una manera rápida y eficaz en Castilla La Mancha. Los retenes siguen estando formados jóvenes inexpertos que ponen trabajo y ganas pero no profesionalidad. Las motobombas son de risa: 300 litros, y los equipos de verdad, los bomberos llegan tarde y sus efectivos son reducidos. Cuando se va a cumplir un año de la caída de todos los miembros del retén de Cogolludo en el incendio que asoló los Pinares de Ducado en Guadalajara en 2005, las cosas han cambiado poco. Y los responsables políticos que gestionaron la crisis de forma tan funesta todavía siguen en sus puestos. ¿Hasta cuando?

[Justicia y Verdad sobre el Incendio en la Riba de Saelices, Guadalajara, julio de 2005. Homenaje a los 11 muertos caídos del Retén de Cogolludo. Merce sigues muy presente en mi corazón]

jueves, enero 19, 2006

PORTULANOS. Mi pancarta.

PORTULANOS. Mi pancarta, por Ignacio García May.
[Una vez más IGM clarividente. Yo también echo en falta a muchos tras una pancarta. ¡Desmascarémosles!][Columna publicada en El Cultural el jueves 19 de enero de 2006.]

Se suele afirmar de nosotros, los teatreros, que sólo hacemos política cuando nos conviene, o cuando el tema a tratar está lo suficientemente distante, geográfica o ideológicamente, como para no jugarnos nunca el cuello aunque parezca que sí. En un país donde la cultura no depende del talento, del conocimiento, ni de la profesionalidad, sino de los amiguetes que uno tenga repartidos en el poder, (Santiago Segura sabía lo que se hacía cuando le puso el nombre a su productora) es lamentablemente normal que la gente actúe así. Debe ser por eso por lo que no se escucha ninguna voz de nuestra profesión comentando las cosas que están pasando; y pese a que un protagonista puntual e involuntario del asunto haya sido “uno de los nuestros”, Albert Boadella, acusado por el nacionalismo catalán de traidor; el Aarón Burr de la Costa Brava, vaya. Que yo sepa, Boadella, que no es amigo mío, estaba defendiendo libertades en este país cuando la morralla de Terra Lliure, hoy reconvertidos en burgueses gordos y calvos con coche oficial y modales de parvenu, se dedicaba a explotar bombitas por ahí. Pero El Juglar es hombre admirado, envidiado y odiado a partes iguales, así que, como estos son tiempos de canallas, más de uno hasta se alegrará de verle en el brete.

Exceptuando la ADE, que ha felicitado las pascuas con una tarjeta de inequívoco mensaje integrador (y Juan Antonio Hormigón no es precisamente de derechas), los profesionales callan ante el conflicto del Estatut, como si no fuera con ellos. Personalmente, y más allá del episodio concreto, me abochorna profundamente un socialismo tan dispuesto a defender en público aquello en lo que no cree en privado; un socialismo en el que nadie se atreve a salirse del discurso oficial por miedo a ser acusado de facha, antidemócrata, o cosa así, como si no fuera la autocrítica la base misma del pensamiento de izquierdas; un socialismo tan ansioso de pactar con los mismos tipos que solucionaron la crisis del Carmel acusándose unos a otros de cobrar comisiones que luego no tuvieron huevos de denunciar. A mí me gustaría escuchar lo que opinan mis colegas sobre todo esto. En cuanto a mi pancarta personal, ahí queda.

Ignacio GARCÍA MAY