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martes, septiembre 04, 2007
LIBROS. Lecturas de verano. La reina de Saba de André Malraux y Las pequeñas memorias de José Saramago.
Este verano tuve el tiempo suficiente, -nunca es suficiente si uno es sincero- para poder disfrutar de unos agradables momentos de lectura. Y si a parte de disponer de unas cuantas semanas para poder leer a gusto, tienes buena literatura cerca, pues entonces el placer de la lectura se multiplica al menos por dos.
Para empezar cayó en mis manos: “La reina de Saba: una aventura por el desierto de Yemen” de André Malraux. A decir verdad este libro, una novedad de este año, lo compré yo porque todavía tenía en el recuerdo los buenos momentos que me hicieron pasar “la esperanza” y “la condición humana” del mismo autor. Sin embargo este relato de viajes no tiene las pretensiones de esas dos grandes novelas. Se trata de un Malraux que tras el éxito de “la condición humana”, tiene ganas de experiencias nuevas, y el mítico Yemen, país dónde la leyenda dice que se encuentran los restos del antiguo reino de Saba, llama al autor hacia lo desconocido para colmar sus deseos de aventura.
El breve relato de Malraux se convierte pues, en el cuaderno de bitácora del viaje en avión que realiza el escritor junto al piloto Corniglion-Molinier sobre el desierto de Yemen, aderezado con la exhuberancia de la escritura del propio Malraux que aúna con gran maestría bellas descripciones de lo que sus ojos perciben y un leguaje entre lo mítico y lo desconocido que cautiva a cualquier intrépido y curioso lector.
“Las pequeñas memorias” de José Saramago es el segundo libro del cual os quería hablar hoy. Se trata de un volumen de memorias, que abarca los primeros años del autor portugués, su infancia en Azinhaga y su primera adolescencia en Lisboa.
En esta ocasión Saramago utiliza un estilo más simple y accesible que el de sus novelas y sus “memorias” se convierten en un relato fácil de leer y apto para todo tipo de público. Se trata de un libro entretenido y en muchas ocasiones gracioso, pero sobre todo, y ahí radica su belleza, desnuda al autor ante sus lectores. El Nobel portugués nos da las claves que marcaron su vida y lo convirtieron en un escritor y no en cualquier otra cosa, pero también nos da pistas de dónde salieron los personajes de sus novelas y de cuáles son las raíces de su mundo literario.
Ahí quedan dos pequeñas notas sobre Malraux y Saramago que a su vez son una invitación a hacerse con estas obras y devorarlas en los días que todavía a muchos os quedan de sosiego y descanso.
Malraux, André. La reina de Saba: una aventura por el desierto de Yemen. Península, 2007.
Saramago, José. Las pequeñas memorias. Alfaguara, 2007.
miércoles, septiembre 06, 2006
Divagaciones. Vacaciones.
Agosto ya se terminó. El periodo vacacional se agota día a día. Las rutinas empiezan a encajar en la cotidianidad de cada uno. La vida vuelve a la “normalidad”. Pero, ... para la gran mayoría, no para mi.

Desde hace tiempo el ir contracorriente forma parte de mi vida diaria. Creo que es una forma diferente de disfrutar de cada día. No consiste en “creérselo” y convertirse en un esnob, ni más ni menos hay que intentar hacer lo que todo el mundo hace pero cuando esa inmensidad de masa o ya lo ha hecho o no piensa hacerlo en el preciso momento que tú has elegido.
Tuve unos días de asueto en julio, minucias comparado con lo que me espera en septiembre. Primero hay que disfrutar de unos días de desconexión total, descanso, buena comida, muchas horas de sueño y actividades poco intelectuales como arreglar el jardín o pintar las puertas del garaje. Claro está, el idílico lugar al que me refiero responde al nombre de Walden. Mi hogar.
Después de esto nada mejor que un poco de música en buena compañía. El Festival Ebrovisión de Miranda de Ebro en Burgos me espera un año más. Todos sabemos lo que conlleva un festival de música aparte de las buenas vibraciones: risas, momentos inolvidables y situaciones inverosímiles con los amigos. Algunos se lo quieren perder. Allá ellos.
Los postres siempre son los platos más apetecibles de una buena comida y como no podía ser menos el “postre” de esta declaración de “malas” intenciones tenía que ser especial. Unos días, añorados desde hace tiempo, en compañía de unos ojitos azules encantadores cerca del mar se presenta como un postre demasiado apetecible como para dejarlo pasar.
El colofón lo protagonizarán unos últimos momentos que voy a dedicar en exclusiva a la lectura. Entre los afortunados títulos que quiero que pasen por mis manos están varias obras de Ian McEwan, “Sábado” y “Expiación”, segundas lecturas ambas, pero también quiero volver a disfrutar de la exquisitez de la Poesía de Pedro Salinas y Luis Cernuda. Quiero llegar a octubre, cuando el otoño enseñe ya su patita por debajo de la puerta en plenas facultades, con las pilas suficientemente cargadas para afrontar un nuevo curso que seguro llegará preñado de sorpresas y buenos momentos.

Desde hace tiempo el ir contracorriente forma parte de mi vida diaria. Creo que es una forma diferente de disfrutar de cada día. No consiste en “creérselo” y convertirse en un esnob, ni más ni menos hay que intentar hacer lo que todo el mundo hace pero cuando esa inmensidad de masa o ya lo ha hecho o no piensa hacerlo en el preciso momento que tú has elegido.
Tuve unos días de asueto en julio, minucias comparado con lo que me espera en septiembre. Primero hay que disfrutar de unos días de desconexión total, descanso, buena comida, muchas horas de sueño y actividades poco intelectuales como arreglar el jardín o pintar las puertas del garaje. Claro está, el idílico lugar al que me refiero responde al nombre de Walden. Mi hogar.
Después de esto nada mejor que un poco de música en buena compañía. El Festival Ebrovisión de Miranda de Ebro en Burgos me espera un año más. Todos sabemos lo que conlleva un festival de música aparte de las buenas vibraciones: risas, momentos inolvidables y situaciones inverosímiles con los amigos. Algunos se lo quieren perder. Allá ellos.
Los postres siempre son los platos más apetecibles de una buena comida y como no podía ser menos el “postre” de esta declaración de “malas” intenciones tenía que ser especial. Unos días, añorados desde hace tiempo, en compañía de unos ojitos azules encantadores cerca del mar se presenta como un postre demasiado apetecible como para dejarlo pasar.
El colofón lo protagonizarán unos últimos momentos que voy a dedicar en exclusiva a la lectura. Entre los afortunados títulos que quiero que pasen por mis manos están varias obras de Ian McEwan, “Sábado” y “Expiación”, segundas lecturas ambas, pero también quiero volver a disfrutar de la exquisitez de la Poesía de Pedro Salinas y Luis Cernuda. Quiero llegar a octubre, cuando el otoño enseñe ya su patita por debajo de la puerta en plenas facultades, con las pilas suficientemente cargadas para afrontar un nuevo curso que seguro llegará preñado de sorpresas y buenos momentos.
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