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domingo, octubre 22, 2017

1000 razones para no dejar de leer. Adam Zagajewski. "La poesía no está de moda".

[...] La poesía no está de moda, las novelas policíacas, las biografías de los tiranos, las películas americanas y las series de televisión británicas están de moda. La política está de moda. La moda está de moda. Las relaciones están de moda, la sustancia no está de moda. Los pantalones entubados, los vestidos con estampados de flores, las perlas en la ropa, los jerséis rojos, los abrigos a cuadros, las botines plateados y los pantalones vaqueros con apliques están de moda.



Las bicicletas y los patinetes están de moda, los maratones y los medio maratones, la marcha nórdica; no está de moda detenerse en medio de un prado primaveral ni la reflexión. La falta de movimiento es nociva para la salud, nos dicen los médicos. Un momento de reflexión es peligroso para la salud, hay que correr, hay que escapar de uno mismo. [...].




Fragmento del discurso leído por Adam Zagajewski tras recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

jueves, septiembre 28, 2017

1000 razones para no dejar de leer. Adam Zagajewski, por Antonio Luchas.

 [...] A Zagajewski conviene leerlo igual que uno se instala en esas noches que no hacen preguntas: sencillamente al vaivén de iluminaciones, de certezas imprevistas, de emociones no sabidas. Viene de la penumbra, pero ama la luz. Y la belleza. Y la ironía. [...].

Adam Zagajewski, por Antonio Lucas.


miércoles, diciembre 13, 2006

POESÍA. Y el vate volvió a aparecer.

Vagamente recuerdo aquella tarde de marzo de 1997 en el café Manuela. Enrique Valle, el poeta, presentaba su último poemario: “Noé desobediente”. Nos congregamos algunos amigos, muchos amigos, y entre la dureza de sus versos y la oscuridad del café, saboreamos un “bourbon” con agua bien seco.

Pocos recuerdos más tengo de aquella cita. Han pasado ya casi diez años.


Diciembre de 2006. Por la tarde. Madrid. En un autobús de la EMT vuelve a aparecer el poeta. Su pelo blanco grisáceo y sus gafas de acero inoxidable con un soporte para cristales oscuros colocado sobre la montura lo delatan. No puede ser otro. Es él. Me siento a su lado y conversamos: de la vida, del paso de los años, de tiempos mejores ya pasados, de amigos, de la familia, ... y de las obras de Gallardón que pronto acabarán, pero lo que seguro que no terminará tan pronto es el pago de sus facturas, el sangrante goteo de dinero público que llena las arcas de los oligarcas del hormigón.

El breve encuentro se termina con un caluroso abrazo y un apretón de manos en una estación Metro, del Metro de Madrid, ese túnel inmenso, siempre cargado de almas solitarias y de sorpresas. Como la mía y la de Enrique.

Ahora os dejo con la voz del poeta, con sus versos, para que los disfrutéis en soledad, o los recitéis en compañía. ¡Atentos los sentidos!


Y el séptimo día descansemos.

I

Ser impecable
Es ser a pesar de todo
Aunque incomode

II


Ser respetuoso con el enemigo
Es no necesitar más amigo que uno mismo

Acostarse con amantes residuales
Y despertar sin una sola herida

III

Ser fuerte
Es abrir las puertas de la ciudadela
Dejarse conquistar
Y soltar la carcoma de los labios

IV

Ser dios
Es ser el Hombre encadenado a la verdad
Y no decirlo

V

Ser
Puede no ser un monosílabo

VI


Las consecuencias de la Luna
-Dudosa consejera-
Aparecen al cabo de seis renovaciones
Quitándote las rémoras de Luz
Para aumenta sus lunas protectoras

Sospechoso.

Lo mismo no es más que rabia
Pura envidia de dragón frente a San Jorge
O un no sé qué bochornoso
Que me niego a mirarme

Rabia por no estar demasiado loco
Y no ser capaz de molinos y rebaños
Ni de decir “puta” en el currículo
O afilar el gesto cuando conviene

Envidia de los césares
Que a veces tienen razón
Y a veces cuatro hileras de manos
Para agarrar los bastos las espadas las copas
Y los dividendos

Rabia por no estar a bordo del instante
Por haberme quedado con los náufragos de siempre
Que lloran en conserva para no fermentar jamás

Envidia ante los fuertes
Que se conforman con la costumbre
Y viven como dios cuando vive bien
Y encima quieren cruces a cuenta

Envidia y rabia
Mintiendo como testigos
Los mismo de noche que de rodillas
Maquillando su fealdad
Por rabia por envidia por encima de todo

Doble o nada.

En las noches que salen las sarnas
Y el postre arde una eternidad en el estómago
Rodando pasito a pasito por la barbarie
En busca de rozaduras tan de los santos
Habiendo acabado ya de jorobarla
Con el asunto ese de hacerse el glorioso
Más con el pelo que con el amor
Harto de tanto despilfarro
Como una mano no podría imaginar
Entonces
Acontece
Que
Tal vez aparezca la niña de los improvisos
A la espalda de la sonrisa inmóvil
Como perdida por ahí
Y te diga cosas en clave de ruina
En una invitación al epílogo
Con su boquita infectada
Y el porte del alma en cuarentena
Asomará
Volando la fibra más frágil
Y sí no se anda uno con buen pulso
La dichosa luz de las farolas
Puede hacernos cometer errores de primavera
Como besar su herida
Creyendo que las gotas son sudor.

Enrique Valle.

jueves, febrero 16, 2006

POESÍA. Susurros de un vate: Ángel González.

Había un proyecto que tenía pendiente desde hacía años y que muchas veces había intentado dar forma, pero nunca había visto la luz. Era bien simple: dar a conocer, acercar, invitar sin prejuicios previos, compartir, la Poesía. Es siempre la gran olvidada, la última en aparecer, la que menos lectores tiene, pero sin embargo es la más urgente, la más directa, la más humana, la más necesaria. Además es la más complicada, la más difícil, pero también la que de mejor manera nos hace más confortable el arduo camino vital que sin descanso recorremos día a día.

¿Por qué ahora? Esta es una pregunta complicada de responder, no se muy bien porqué ahora, pero lo que si tengo claro es que hay un par de hechos que me han empujado a aceptar el reto. Uno tiene que ver con el Plan de Lectura “Érase que se era”. Desde hace unas semanas por mi hogar circulan muchos poemarios, muchos nuevos, y otros sacados de la estantería, con una gruesa capa de polvo encima; estábamos llevando a cabo una selección de poemas de amor que luego los alumnos del centro podrían recitar en el acto que hemos organizando con motivo del día de San Valentín. Muchas cosas nuevas y otras tantas veces releídas llenaron nuestros oídos de la magia de la Poesía una vez más. Era el momento sin más.

Otra razón, ha sido Doncellita. Desde que nuestro querido Ratoncito la descubrió, al menos para mi, sus palabras me han acompañado muchas veces desde entonces, sus palabras llegan, sientes, te invitan a dejarte llevar por su bello y duro mundo, el de todos. Doncellita haces que miremos la vida de otra manera, que sintamos cosas que tenemos ahí, muchas, muchos de nosotros, pero que escondemos porque no es fácil asomarse a esos balcones, hay miedo al abismo, al saber más sobre uno mismo y asumir ciertas cosas. Desde aquí te animo a seguir regalándonos preciosas sorpresas cada día, y también invito al resto de “blogueros” que se acercan a Whispers que de vez en cuando os asoméis al balcón de Doncellita, dadle una oportunidad y no os sentiréis defraudados.

No voy a hacer un discurso academicista, no estoy a la altura de ello, ni tampoco pretendo desmenuzar la Poesía. Lo que voy a intentar es ofreceros algunos poemas que a mí me han hecho sentir la Poesía dentro de mi; sin tapujos, el poema, el poeta y tú. Espero que muchos os acerquéis a algunos de estos maestros y sintáis en vuestras entrañas todo lo que llevan dentro sus palabras.

Hoy os presento dos poemas de Ángel González. No hay ninguna razón en concreto para haberlo elegido a él. Llego a mis manos su poemario “A todo amor: antología personal” de Visor, y lo leí una tarde nublada y fría de estas que nos han acompañado tantas veces durante de este mes loco de Febrero. Había oído hablar del poeta pero no me había cercado a su obra, como de tantos otros, y de tantas otras cosas. Nunca es tarde. Sin más Ángel González.

Poética.

Escribir un poema: marcar la piel del agua.
Suavemente, los signos
se deforman, se agrandan,
expresan lo que quieren
la brisa, el sol, las nubes,
se distienden, se tensan, hasta
que el hombre que los mira
-adormecido el viento,
la luz alta-
o ve su propio rostro
o –transparencia pura, hondo
fracaso- no ve nada.

Muerte en el olvido


Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso
pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

Ángel González.

Más Ángel González: A media voz